Los resultados finales de su investigación.El tema de la angustia en estas “Nuevas lecciones introductorias” lo termina con otra afirmación taxativa: “La angustia neurótica se ha transformado en nuestras manos en angustia real”(377). Lo que se teme es el daño que un peligro exterior puede producir en la vida anímica. El nacimiento, por ejemplo, provoca en la vida anímica un estado de tan excesiva excitación, que es sentido como un intenso displacer que el sujeto no puede dominar con su descarga, es decir, como un instante traumático. Todo lo cual le lleva a la siguiente conclusión sobre las condiciones de las represiones primarias y secundarias: “(…) Lo temido, el objeto de la angustia, es cada vez la aparición de un instante traumático que no puede ser tratado, según las normas del principio del placer. (…) el problema está en las cantidades relativas. Sólo la magnitud del montante de excitación hace de una impresión un instante traumático, paraliza la función del principio del placer y da a la situación de peligro su significación. Y si sucede así, si estos enigmas se resuelven con tan sobria explicación, ¿por qué no ha de ser posible que tales instantes traumáticos surjan en la vida anímica sin relación alguna con las situaciones traumáticas supuestas, en las cuales la angustia no es despertada, por tanto, como señal, sino que nace basada en un fundamento inmediato?. La experiencia clínica nos dice abiertamente que así es, en efecto. Sólo las represiones secundarias muestran el mecanismo que antes describimos, en el que la angustia es despertada como señal de una situación de peligro anterior; las represiones primarias y más tempranas nacen directamente de instantes traumáticos en el choque del yo con una exigencia libidinosa de primera magnitud y producen su angustia de por sí, aunque conforme al prototipo del nacimiento. Lo mismo puede decirse del desarrollo de angustia en la neurosis de angustia por daño somático de la función sexual. No afirmaremos ya que lo que en ello se transforma en angustia sea la libido misma. Pero no veo objeción alguna contra un doble origen de la angustia: unas, del instante traumático, y otras, como señal de que amenaza la repetición del tal instante.”(378) © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (377) Ídem, pág. 3153. |
![]() |
![]() |