Algunas conclusiones.

En las fobias encontramos también fijaciones al trauma pues, pero de tendencia diametralmente opuesta.

No obstante, Aníbal Leserre lo resume diciendo:

"En una de sus últimas obras, 'Moisés y la religión monoteísta', Freud señala que la fobia implica una fijación al trauma, que, en relación con la compulsión a la repetición, tiene como meta contrapuesta olvidar el trauma."(386)

Por tanto, según este autor, la fijación al trauma implica siempre, de una forma u otra, la compulsión a la repetición.

A ello se podría quizás tratar de objetar que lo que Freud afirma exactamente es que estos síntomas negativos, entre los que se engloban las fobias, "persiguen la finalidad opuesta: que nada se recuerde ni 'se repita' de los traumas olvidados", o sea, que cabría pensar que esa "tendencia diametralmente opuesta"... a lo que se opone es a la compulsión a la repetición, y hasta apoyarlo con el argumento de que en las fobias de la histeria de angustia, aunque también impliquen una fijación al trauma y sean de índole compulsiva como todos los demás síntomas porque se sustraen a la influencia del yo y de la realidad exterior, lo que se observa es una resistencia a volver a revivirlo, a volver a pasar por el trauma y, en ese sentido, también una oposición a la pulsión de muerte.

Al fin y al cabo, esto estaría en la línea de todo lo que llevamos estudiado que escribió Freud sobre la histeria de angustia desde que la creó como entidad clínica en la Epicrisis del caso Hans. Entidad que además hemos demostrado que nunca dejó después de tener en consideración aunque a veces, en el resto de su obra, quedase velada por el hecho de que se refiriese a ella simplemente con el nombre de "histeria" (tanto en textos de divulgación como las "Lecciones introductorias", como en algunos otros más técnicos y esenciales, como "Inhibición, síntoma y angustia"). En síntesis, lo que él sostiene es que se caracteriza por ser la enfermedad psiconeurótica más frecuente y que menos exige una constitución especial; la que más fácilmente puede ser contraída en cualquier período de la vida; que supone haber alcanzado en la niñez plenamente la fase genital infantil; que sólo implica la intervención del mecanismo de la represión y no otros más perjudiciales (como la regresión, las formaciones reactivas y el aislamiento) que sí actúan en la neurosis obsesiva, etc.

Luego si partiendo de cuanto acabamos de exponer recordamos nuevamente "Vértigo", la película de Hitchcock de la que hablábamos en la Presentación de esta investigación, se podría razonar que cuando John Ferguson se topa en uno de los momentos más cruciales de la historia con que su acrofobia le impide subir por las escaleras de la torre del campanario tras la doble de Madeleine, la impostora Judy (ambas encarnadas maravillosamente por la fascinante Kim Novak), lo que le habría permitido sorprender a los conspiradores, es porque conscientemente lo que sabe y se dice es que sentiría vértigo, pero que a lo que se opone en realidad es a volver a ascender a edificios altos como aquél en cuyo tejado sufrió el traumático accidente en el que estuvo a punto de perder la vida y vio morir al policía que lo acompañaba por intentar salvarle, todo lo cual representaría lo ya olvidado tras la fobia, lo que no quiere ni recordar ni arriesgarse a repetir. Estaría actuando en contra de la compulsión a la repetición y de la pulsión de muerte... Sólo que esta interpretación nos dejaría muchas interrogantes sin responder.

Y es que el concepto de repetición, como comprobamos en nuestro estudio de "Más allá del principio del placer", es uno de los más oscuros y complejos de Freud, por lo que esta aparente discrepancia con la que tropezábamos como mejor la podemos resolver es saltando ya a Lacan, en concreto a su Seminario 11, en el que califica a la repetición como uno de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, justo el que hace nudo de los otros tres: "¿no es acaso el punto de obstáculo del inconsciente, el pivote de la transferencia y el principio mismo de la pulsión?"(387).

Allí, en las últimas páginas de la clase 4, nos recuerda que en los textos de Freud la repetición no es la reproducción: "'Wiederholen' no es 'Reproducieren'"(388). Y con la lectura de la clase 5, jugando con los conceptos a los que denomina "tyché" y "automaton" (términos que extrae de la "Física" de Aristóteles cuando éste trabaja sobre la función de la causa), se nos hará accesible que la "tyché", lo real imposible de simbolizar, lo podemos seguir localizando detrás del trauma de la primera escena de la película, el cual da origen a la "repetición" inconsciente, el "automaton", la insistencia en la cadena simbólica(389) que se refleja en primer lugar, en este caso, en su síntoma neurótico, en su fobia.

De otra manera: ciertamente en las neurosis siempre interviene la repetición neurótica, pero Lacan nos señala que hay además otra opción, otra versión de la repetición muy distinta ligada al "Untergang", a la "disolución" ("más que una represión"(390)) del Edipo en la infancia o bien posteriormente mediante el psicoanálisis, y que es la que impulsa a la invención y la creación con la sublimación.

Sin embargo, en casos como el de Ferguson, éste hubo de elegir durante las impresionantes primeras secuencias que nos muestra el film, dentro de las que fuesen en ese momento sus limitadas posibilidades (por lo que Lacan habla de "elección forzada"), armarse del dispositivo protector de su acrofobia para que le obstaculizara el subir de nuevo a alturas en las que se pudiera "reproducir" tan espantoso trauma. Y esto es precisamente lo mismo que, más tarde, vemos que facilita a Gavin Elster, su antiguo compañero de la Universidad, el engañarlo y utilizarlo en sus pérfidos planes para asesinar a Madeleine, la mujer que le encarga que proteja y de la que él se llega a enamorar. De ahí su dolor en la última escena: "Yo la maté".

Además, como seguramente recuerdan, la película finaliza unos instantes después con la triste mirada de Ferguson desde lo alto de la torre al cuerpo caído de Judy: durante un breve descuido suyo, ella retrocedió de su abrazo hasta precipitarse al vacío asustada por la tenebrosa aparición de una monja entre las sombras del campanario, una figura negra en la que se condensaron sus miedos por sus sentimientos de culpabilidad. Con lo cual se nos hace patente en su drama otra repetición aún más siniestra que la del síntoma fóbico con el que trataba de protegerse de la angustia, es decir, el hecho de que son tres los personajes que mueren de forma similar a lo largo de la historia y tras otros tantos "descuidos" de su parte, el más destacado haber querido comprender como un amigo preocupado por su esposa al que no era sino un infame traidor que se aprovechó de su confianza y su enfermedad para usarlo como coartada en ese vil crimen y tratar de escapar impune.

Entonces, para intentar aproximarnos a esta otra vertiente de la repetición que ya no es la del síntoma, supongamos que estamos saliendo del cine y que reanudamos nuestra pequeña encuesta del principio entre quienes nos acompañaron en la sala de butacas durante la proyección: nos encontraríamos con que, como es habitual, cada uno la ha "comprendido" también a su manera, que, al igual que los restantes personajes de esa novela que nos relataron en la pantalla tenían concepciones muy diferentes del protagonista, a cada uno de los espectadores le ha parecido más o menos simpático o antipático, valiente o cobarde, inteligente o torpe, fuerte o débil, etc.; en consecuencia, aunque muchos le augurarían los destinos más felices (porque para algo es el protagonista), tampoco faltarían los que nos revelasen "sospechar"(391) de él toda clase de deseos, pensamientos y propósitos que le pudieran perjudicar. Imaginen y sonrían con el contraste de algunas de las posibles respuestas, porque el sentido de humor siempre es fundamental: que "es tan fuerte que ya se ha curado totalmente de su fobia y logrará enseguida rehacer su vida", que "es tan necio que enloquecerá añorando a Madeleine y le encerrarán para el resto en el manicomio", que "es tan valiente que volverá a ingresar en la policía y llegará a jefe de detectives", que "es tan antipático que acabará sus días solo y amargado por sus traumas", que "es tan simpático que se casará con otra más guapa aún que Kim Novak y superará muy pronto aquella tragedia", que "es tan cobarde que decidirá suicidarse y se arrojará desde la misma torre del monasterio", que "es tan inteligente que encontrará al asesino donde se esconda y le hará pagar su merecido cuando menos se lo espere",...

En resumen, nos brindarían opiniones y explicaciones tan diversas entre sí (a su favor y en su contra, con aprecio y con crítica o rechazo, que consideraríamos sensatas o que nos resultarían completamente absurdas pero, en cualquier caso, sobre un indudable trasfondo más o menos exteriorizado de amor y/o de odio) como las que manifiestan por lo general los lectores de cualquier libro. De modo que, para terminar, aprovechando el que tal ejemplo, medio en broma medio en serio, les ha mostrado lo fácil que es comprobar este curioso fenómeno, ya podemos introducir otro concepto esencial de Lacan con el que se relaciona íntimamente y que, como vimos con Hitchcock, es imprescindible articular también con la repetición: el del "fantasma", esa fantasía secreta, inconsciente, peculiar de cada sujeto para su goce, que, si en la medida en que le falla causa su síntoma, en la medida en que le funciona constituye su saber para interpretar a cuantos le rodean, o sea, su guión para "comprender" a los demás, rigiendo por tanto no sólo su sexualidad sino toda su vida.

"El lugar de las tripas donde se apunta [donde 'eso' -el Ello- apunta] para hacerles creer que comprenden las cosas de tiempo en tiempo, es un pequeño secreto aislado que tienen dentro de ustedes bajo la forma del fantasma, y creen que comprenden porque despierta en ustedes la dimensión del deseo. Eso es lo que se llama 'comprensión' y recordarlo tiene aquí su importancia, no es porque ustedes sean un poco neuróticos, el fantasma les da la medida de la comprensión en la medida en que despierta en ustedes su deseo, (…)".(392)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(386) Leserre, A.: "La fobia", pág. 22. Documento interno de la Universidad de León.
(387) Chemama, R. y otros: "Diccionario de Psicoanálisis", pág. 383. Ed. Amorrortu. Buenos Aires, 1998.
(388) Lacan, J.: "El Seminario 11: Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis", pág. 58. Ed. Paidós. Barcelona, 1987.
(389) Véase ídem, págs. 62 y 63.
(390) Freud, S.: "La disolución del complejo de Edipo", pág. 2750. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(391) Véase Roldán, A.: "Notas sobre la sospecha". Artículo publicado en la Revista "Acentos" nº 19, de Febrero de 1999, y en su Web (http://arturoroldan.salvatierra.biz).
(392) Lacan, J.: "El Seminario 14: La Lógica del Fantasma", Clase del 14 de Junio de 1967. Seminario inédito.
 

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