Capítulo VI.

Se trata de un capítulo bastante extenso en comparación con los demás y en el que realiza un complicado recorrido por múltiples cuestiones relacionadas con el tema. Expone al comienzo su insatisfacción en muchos puntos con los resultados que lleva obtenidos. Por ejemplo, dice que aún no ha conseguido atribuir el carácter de la compulsión de repetición a las pulsiones sexuales; se plantea si la idea de la muerte natural, la muerte como algo inevitable, no será más que una creencia, ya que algunos pueblos primitivos atribuyen siempre la muerte de los suyos a la influencia de los enemigos o de los malos espíritus; se refiere a la falta de acuerdo que existe entre los biólogos acerca de la cuestión de la muerte natural y a la teoría de Fliess de que todos los fenómenos vitales se hallan ligados al cumplimiento de determinados plazos; recurre al análisis de los trabajos de investigadores como Weismann, Hartmann, Woodruff, Maupas y Calkins, Loeb, Hering,…; cita a escritores y filósofos como Goethe, Schopenhauer, Platón,…

De todo ello destacaremos por ahora tan sólo los siguientes ítems fundamentales:

1. Rebate el monismo de la teoría de la libido de Jung para dejar establecido que “Nuestra concepción era dualista desde un principio y lo es ahora aún más desde que denominamos las antítesis, no ya pulsiones del yo y pulsiones sexuales, sino pulsiones de vida y pulsiones de muerte”.(249)

2. Se embarca en el análisis de las posibles relaciones entre esta antítesis y la de amor (ternura) y odio (agresión), lo que le conduce a revisar su teoría sobre el par sadismo-masoquismo para concluir que el masoquismo “pudiera muy bien ser primario”.(250)

3. Arturo Roldán, en un seminario sobre "goce y fantasma" -conceptos desarrollados por Lacan y en los que profundizaremos al llegar a sus contribuciones al estudio de las fobias-, nos señala que si el goce es el placer en el displacer, aquí podemos constatar que "la pulsión de muerte freudiana es el primer nombre del goce"(251). De modo que aprovecharemos además para adelantar que, simplemente con tal indicación y lo que llevamos expuesto que escribe Freud sobre la angustia y la pulsión de muerte, ya disponemos de base suficiente para comprender que angustia y goce son nociones distintas, que en la angustia no hay ningún goce. O de otra manera: que la angustia es displacer sin ningún placer.

4. Apoyándose en un experimento con protozoarios de Lispchütz (1914), cuyos resultados considera que concuerdan con su hipótesis de que el proceso de la vida del individuo conduce, por causas internas, a la nivelación de las tensiones, Freud afirma que “El haber reconocido la tendencia dominante de la vida psíquica, y quizás también de la vida nerviosa, la aspiración a aminorar, mantener constante o hacer cesar la tensión de las excitaciones internas (el principio de ‘nirvana’, según expresión de Barbara Low), tal y como dicha aspiración se manifiesta en el principio del placer, es uno de los más importantes motivos para creer en la existencia de las pulsiones de muerte”.(252)

5. Y para terminar advierte que a pesar de haber demostrado que nada en la Biología de su tiempo se opone a su nueva teoría de las pulsiones, “(…) la inseguridad de nuestra especulación fue elevada en alto grado por la precisión de tomar datos de la ciencia biológica, la cual es realmente un dominio de infinitas posibilidades. Debemos esperar de ella los más sorprendentes esclarecimientos y no podemos adivinar qué respuesta dará, dentro de algunos decenios, a los problemas por nosotros planteados. Quizás sean dichas respuestas tales, que echen por tierra nuestro artificial edificio de hipótesis. Si ha de ser así, pudiérasenos preguntar para qué se emprenden trabajos como el expuesto en este capítulo y por qué se hacen públicos. A esto contestaré que no puedo negar que algunas de las analogías, conexiones y enlaces que contiene me han parecido dignos de consideración.”(253)

Josep Mª Panés señala que la inseguridad de Freud al llegar a este punto de su obra puede deberse, más que a razones epistemológicas, a motivaciones subjetivas relacionadas con la importancia de su descubrimiento de la pulsión de muerte; y recuerda que posteriormente no sólo nunca refutó estas hipótesis sino que, por el contrario, siempre las continuó valorando como hallazgos esenciales para la teoría psicoanalítica.(254)

Por nuestra parte, a este respecto nos limitaremos a avanzar que Lacan desligará por completo el concepto de pulsión de muerte del ámbito de la Biología.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(249) Ídem, pág. 2535.
(250) Ídem, pág. 2536.
(251) Roldán, A.: “Sobre el ‘Más allá…’”. Artículo publicado en la Revista “Cuadernos de Psicoanálisis” nº 12 (y recientemente también en su Web: http://arturoroldan.salvatierra.biz).
(252) Freud, S.: “Más allá del principio del placer”, pág. 2536. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(253) Ídem, pág. 2539.
(254) Véase Panés, J.M.: “La repetición”, pág. 46. Documento interno de la Universidad de León.
 

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