Capítulo III.Ahora bien, en este otro capítulo explica cómo a lo largo de sus últimos veinticinco años se fue enfrentando con diversas dificultades en su trabajo con los pacientes y cómo fue elaborando su teoría y su técnica para superarlas, y que así llegó a descubrir la compulsión a la repetición, por la cual los pacientes repiten en la “neurosis de transferencia”(242) sucesos del pasado, y de la vida sexual infantil, que en su momento no les fueron nada placenteros y en su repetición durante la cura tampoco lo son. A continuación, expone otros ejemplos de situaciones fuera del psicoanálisis, en personas no neuróticas, en los que también se observa la misma compulsión de repetición, como el caso de una mujer que se casó tres veces y las tres veces vio enfermar al poco tiempo a su marido y tuvo que cuidarlo hasta la muerte. Y por todo ello, pero especialmente por sus observaciones directas en la clínica, considera ahora justificada su hipótesis de que en la vida anímica existe realmente una compulsión a la repetición que va más allá del principio del placer, que es más primitiva, elemental y pulsional que el principio del placer, y a la que ya le parece oportuno atribuir también los sueños de los enfermos de neurosis traumáticas y los juegos de los niños, aunque advirtiendo que sólo en raros casos actúa la compulsión a la repetición sin ayuda de otros motivos. Por ejemplo, en los juegos infantiles también se ve actuar una satisfacción pulsional directa que se acompaña de placer. “Mas si en la vida anímica existe tal obsesión de repetición, quisiéramos saber algo de ella, a qué función corresponde, bajo qué condiciones puede surgir y en qué relación se halla con el principio del placer, al que hasta ahora habíamos atribuido el dominio sobre el curso de los procesos de excitación en la vida psíquica.”(243) © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (242) Ídem, pág. 2514. |
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