Esquema del aparato psíquico que desarrolló Freud en el Capítulo VII de "La interpretación de los sueños", donde ya escribía que la represión recae sobre las representaciones del Inc. porque éstas podrían provocar el desarrollo de displacer (ver pág. 699).

Esquema del aparato psíquico en la "Psicología de los procesos oníricos", pág. 674, en las O.C. de Biblioteca Nueva.

LO INCONSCIENTE (1915)

En el cuarto apartado de este otro artículo también primordial de su metapsicología, una vez que ya ha despejado que la represión se ejerce sobre ideas, sobre representaciones y no sobre la pulsión misma, Freud pasa a explicar la “Tópica y dinámica de la represión”, lo que le lleva por tanto a describir además el factor económico (cómo actúan las investiduras y las contrainvestiduras energéticas sobre dichas representaciones al ser reprimidas) y a realizar “un tímido intento” de ejemplificación del proceso en “las tres neurosis de transferencia conocidas”.

Comienza entonces precisamente por la histeria de angustia, y en ésta ahora diferencia, con mayor precisión, tres fases:

- En la primera fase, la angustia surge sin objeto, sin que se sepa ante qué. Recordemos que para Freud ahí radica la distinción entre el miedo, que surge ante un objeto presente, y la angustia, que considera sin objeto.(208)

“En la histeria de angustia se desatiende con frecuencia una primera fase del proceso, perfectamente visible, sin embargo, en una observación cuidadosa. Consiste esta fase en que la angustia surge sin que el sujeto sepa qué es lo que le causa miedo. Hemos de suponer, pues, que en el sistema Inc existía un impulso erótico que aspiraba a pasar al sistema Prec; pero la carga lanzada por este sistema en contra de tal impulso lo rechaza (como en una tentativa de fuga) y la carga inconsciente de libido de la idea rechazada deriva en forma de angustia.”(209)

- En la segunda fase, a partir de la repetición se da un primer paso para dominar la angustia: la investidura Prec en fuga se enlaza a una representación sustitutiva, con lo que se constituye el objeto fóbico y se racionaliza la angustia convirtiéndola en miedo a ese objeto externo.

“Al repetirse eventualmente el proceso, se da un primer paso hacia el vencimiento del penoso desarrollo de angustia. La carga en fuga se adhiere a una idea sustitutiva, asociativamente enlazada a la idea rechazada, pero que por su alejamiento de ella, se sustrae a la represión. Esta sustitución por desplazamiento permite una racionalización del desarrollo de angustia, aun incoercible. La idea sustitutiva desempeña entonces para el sistema Cc (Prec) el papel de una contracarga, asegurándolo contra la emergencia de la idea reprimida en el sistema Cc, y constituye, por otro lado, el punto de partida de un desarrollo de afecto de angustia, incoercible ya. La observación clínica nos muestra, por ejemplo, que el niño enfermo de zoofobia siente angustia en dos distintas condiciones: primeramente, cuando el impulso erótico reprimido experimenta una intensificación; y en segundo lugar, cuando es percibido el animal productor de angustia. La idea sustitutiva se conduce en el primer caso como un lugar de transición desde el sistema Inc al sistema Cc, y en el otro, como una fuente independiente de la génesis de angustia. El poder del dominio del sistema Cc suele manifestarse en que la primera forma de excitación de la idea sustitutiva deja su lugar, cada vez más ampliamente, a la segunda. El niño acaba, a veces, por conducirse como si no entrañara inclinación alguna hacia su padre, se hubiese libertado de él por completo y tuviera realmente miedo al animal. Pero este miedo, alimentado por la fuente pulsional inconsciente, se muestra superior a todas las influencias emanadas del sistema Cc y delata, de este modo, tener su origen en el sistema Inc.

La contracarga emanada del sistema Cc lleva, pues, en la segunda fase de la histeria de angustia, a la formación de un sustitutivo.”(210)

- Y en la tercera fase, con el fin de inhibir el desarrollo de angustia que proviene de la representación sustitutiva, se construye el dispositivo, la barrera de la que ya hablábamos desde “Introducción del narcisismo” y que aquí denomina Freud “muralla defensiva”, a base de evitaciones, renuncias y prohibiciones.

“(…) el proceso represivo no termina aquí, y encuentra un segundo fin en la coerción del desarrollo de angustia emanado de la sustitución. Esto sucede en la siguiente forma: todos los elementos que rodean a la idea sustitutiva y se hallan asociados con ella, reciben una carga psíquica de extraordinaria intensidad que les confiere una especial sensibilidad a la excitación. De este modo, la excitación de cualquier punto de la muralla defensiva formada en torno de la idea sustitutiva por tales elementos, provoca, por el enlace asociativo de los mismos con dicha idea, un pequeño desarrollo de angustia, que da la señal para coartar, por medio de una nueva fuga por parte de la carga (del Prec) la continuación de dicho desarrollo. (…) Estas precauciones no protegen, naturalmente, más que contra aquellas excitaciones que llegan desde el exterior y por el conducto de la percepción a la idea sustitutiva, pero no contra la excitación pulsional, que partiendo de la conexión con la idea reprimida llega a la idea sustitutiva. (…) A cada intensificación de la excitación pulsional tiene que avanzar un tanto la muralla protectora que rodea a la idea sustitutiva. (…)

Considerando el proceso en su totalidad, podemos decir que la tercera fase repite con mayor amplitud la labor de la segunda. El sistema Cc se protege ahora contra la actividad de la idea sustitutiva, por medio de la contracarga de los elementos que la rodean, como antes se protegía, por medio de la carga de la idea sustitutiva, contra la emergencia de la idea reprimida.”(211)

En resumen, lo único que consigue el enfermo es “poner dique” al desarrollo de angustia en la medida en que sitúa su origen en el exterior y limita cada vez más su libertad, pero no le es posible huir de la exigencia pulsional.

 

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(208) Véase Calderón de la Barca, A.: “El inconsciente”, págs. 16 a 20. Documento interno de la Universidad de León.
(209) Freud, S.: “Lo inconsciente”, pág. 2070. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(210) Ídem, págs. 2070 y 2071.
(211) Ídem, pág. 2071.
 

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