La primera mejoría.

Aunque Freud no piensa en absoluto que lo que le sucede a Juanito sea “una tontería”, lo que pretende al hacer que el padre así se lo diga y que le proporcione una primera explicación sobre la sexualidad (aclarándole que ni la hermana ni las mujeres ni, por tanto, la madre tienen una cosita igual a la suya), es una primera mejoría, una tranquilización sólo transitoria pero imprescindible para poder iniciar el trabajo analítico. Y así se observa al principio:

“(…) una temporada de tranquilidad, durante la cual Juanito no pone grandes obstáculos a salir diariamente de paseo al parque. Su miedo a los caballos va transformándose cada vez más en una obsesión que le fuerza a mirarlos atentamente. Dice: ‘No tengo más remedio que mirar a los caballos y luego me da miedo’.”(89)

Pero pronto sobreviene primero un acceso de gripe que le retiene en cama quince días, después ha de ser operado de amígdalas, por lo que tiene que guardar cama una semana más, y la fobia se intensifica otra vez.

De las anotaciones posteriores del padre, ya en el mes de marzo, destacaremos:

* Que durante su paseo con el padre el domingo día 1 de marzo, Juanito recuerda y le cuenta que en Gmunden escuchó al padre de una niña, la Lizzi, que estaba junto a un caballo blanco, advertirle a ésta: “No toques con los dedos al caballo blanco, pues te morderá”, lo que su padre le relaciona con la reciente advertencia que le ha hecho de que la cosita “no se debe tocar con la mano”. Juanito le responde: “Pero la cosita no muerde”, y el padre le dice: “A lo mejor sí”.

* Que entre el 3 y el 10 de marzo, aprovechando que ha entrado a servir en la casa una nueva criada con la que simpatiza, juega con ella a que le monte a caballo y hasta le expresa su deseo de verla desnuda: “Si hace usted tal o cual cosa, se tendrá que quitar toda la ropa, hasta la camisa”.

* Y que al siguiente domingo, 15 de marzo, le lleva su padre de paseo y por fin le aclara “(…) que su hermana no tiene una cosita como la suya. Las mujeres y las niñas no tienen cosita. Mamá no la tiene, Hanna tampoco, etc.”

“Juanito: - ¿Y tú?. ¿Tienes cosita?.

Yo: - Naturalmente. ¿Qué te creías?.

Juanito (después de una pausa): - Pero entonces, si las niñas no tienen cosita, ¿cómo hacen pipí?.

Yo: - Tienen una cosita distinta de la tuya. ¿No lo has visto cuando bañaban a Hanna?.

Durante todo el día se muestra muy tranquilo y contento, monta en trineo, etc.”(90)

Pero un par de días después se despierta temprano muy asustado y cuenta:

“‘Le he dado un poco el dedo a la cosita. Y entonces he visto a mamá toda desnuda en camisa y se le veía la cosita. He enseñado a Grete, a mi Grete, lo que hacía mamá y le he enseñado mi cosita. Luego he apartado a toda prisa la mano de la cosita’. A mi objeción de que su madre no podía estar al mismo tiempo ‘toda desnuda’ y ‘en camisa’, responde Juanito: ‘Estaba en camisa, pero la camisa era tan corta que se le veía la cosita’.”(91)

Fantasía que tanto el padre como Freud consideran “de protección y de defensa” frente a la amenaza de castración que le hizo la madre cuando tenía tres años y medio y que las últimas explicaciones del padre, sobre la carencia de “cosita” de las mujeres, le han vuelto a reavivar. Se resiste pues a aceptar que haya seres que no tengan “una cosita” como la suya por temor a que a él mismo se la puedan cortar, como las amígdalas.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(89) Ídem.
(90) Ídem, pág. 1379.
(91) Ídem.
 

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