Facsímil de la edición príncipe de "La interpretación de los sueños".

Facsímil de "La interpretación de los sueños"

LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS (1900)

A partir de lo anterior, su autoanálisis y sus investigaciones sobre los sueños conducirán a Freud a la publicación en 1900 de “La interpretación de los sueños” (donde ya quedarán establecidos, entre otros, sus conceptos de inconsciente, represión, retorno de lo reprimido, resistencia, censura, etc., en su primera tópica de consciente-preconsciente-inconsciente), obra que, junto a la “Psicopatología de la vida cotidiana”, publicada por primera vez en 1901, y “El chiste y su relación con lo inconsciente”, de 1905, le permitirá profundizar en el síntoma como formación de compromiso y en todo lo que Lacan denominará más adelante “las formaciones del inconsciente” (investigando los mecanismos del desplazamiento y la condensación que gobiernan los procesos primarios con los conceptos aportados por la lingüística de la metáfora y la metonimia, y destacando cuanto tienen en común estas formaciones en su esencia, como por ejemplo “la dimensión de la sorpresa”(67)).

Tras el primer capítulo de “La interpretación de los sueños”, en el que realiza un exhaustivo recorrido por la literatura científica sobre el tema, al final del capítulo segundo, donde nos explica su método para analizar los sueños, justo tras exponernos como ejemplo el famoso análisis de su propio sueño de “la inyección de Irma”, ya nos presenta su gran descubrimiento:

“Una vez llevada a cabo la interpretación completa de un sueño, se nos revela éste como una realización de deseos.”(68)

La función del sueño es proteger el dormir y, con esa finalidad, presenta al durmiente la realización de sus deseos (por medio de la reproducción alucinatoria de percepciones), para evitarle el tener que despertar. Pero, por otra parte, sabemos que existen numerosos sueños cuyos contenidos manifiestos parecen contradecir esa tesis, de modo que Freud habrá de ir desarmando todas las posibles objeciones una por una: Así, en el sueño conocido como el de “la bella carnicera”, demuestra que el deseo que se le cumple es el de tener un deseo insatisfecho, ya que esto es lo característico de las personas histéricas: el sostener su deseo como insatisfecho. Con respecto a los sueños displacenteros, nos explica que lo que puede ser placentero para una instancia como el inconsciente, puede resultar muy displacentero para otra instancia como la conciencia, y de ahí el resultado que produce esa peculiar realización de deseos. Más claros son en ese sentido los sueños de castigo o punitivos, puesto que en ellos se ve cómo se realiza tanto el deseo prohibido como el castigo correspondiente que impone la conciencia.(69)

No obstante, a nosotros nos interesan especialmente, por su relación con la angustia tan presente en las fobias, los sueños de angustia. En relación con lo que escribe sobre ellos en el apartado D del capítulo VII, “Psicología de los procesos oníricos”, destacaremos que:

1. El sueño constituye, como todos los demás productos psíquicos, una transacción entre los sistemas inconsciente y preconsciente-consciente, por lo que ha de realizar los deseos de ambas instancias a un mismo tiempo, ha de compatibilizarlos.

2. Cuando el deseo inconsciente que pugna por abrirse paso en el sueño conmueve intensamente la censura de lo preconsciente, se rompe la transacción, y como el sueño ya no puede cumplir su función protectora del dormir, ha de ser interrumpido en el acto y sustituido por el despertar.

3. “La aparición de síntomas neuróticos constituye una indicación de que ambos sistemas se hallan en conflicto, pues dichos síntomas constituyen la transacción que de momento lo resuelve”. Y pone como ejemplo que si a un agorafóbico se le obliga a andar solo por las calles, al momento sufrirá un ataque de angustia, de donde deduce que “el síntoma ha sido creado para evitar el desarrollo de angustia.”(70)

4. Defiende que tanto la angustia como los síntomas se deben al “fracaso de la represión”, ya que piensa que si ésta hubiera sido exitosa lo inconsciente no molestaría.

5. Y, en consecuencia, remite los sueños de angustia a las neurosis:

“La teoría del sueño de angustia pertenece, como ya hemos indicado repetidamente, a la psicología de las neurosis. Nos atreveríamos incluso a afirmar que el problema de la angustia en el sueño se refiere exclusivamente a la angustia y no al sueño. Una vez indicado su punto de contacto con el tema de los procesos oníricos nada podemos decir sobre ella. Lo único que haremos será comprobar también en este sector nuestra afirmación de que la angustia procede de fuentes sexuales analizando los sueños de este género para descubrir en sus ideas latentes el material sexual.”(71)

En esto se resume cuanto nos dice Freud en esta obra sobre la angustia, y Arturo Roldán lo subraya así:

“(…) [La interpretación de los sueños] marca la subversión freudiana en relación al síntoma, pero lo mismo se podría afirmar en relación a la angustia. El tratamiento de este afecto se realiza por medio de los ‘sueños de angustia’, que en buen español se designan como ‘pesadillas’. Sin duda la obra freudiana está llena de contrastes, porque después de un detallado estudio de los sueños de angustia, Freud concluye que las pesadillas tienen que ver con la angustia y no con el sueño.

De otra manera: la angustia en el sueño tiene que ver con la angustia, que como ha sostenido en sus trabajos sobre ‘la neurosis de angustia’ procede de fuentes sexuales.”(72)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(67) Véase Lacan, J.: “El Seminario 5: Las Formaciones del Inconsciente”, pág. 96. Ed. Paidós. Buenos Aires, 1999.
(68) Freud, S.: “La interpretación de los sueños”, pág. 421. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(69) Véase Paskvan, E.: “El sujeto del inconsciente”, págs. 14 y 15. Documento interno de la Universidad de León.
(70) Véase Freud, S.: “La interpretación de los sueños”, págs. 697 y 698. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(71) Ídem, pág. 699.
(72) Roldán, A.: “El sueño como la vía regia para el acceso al inconsciente”. Conferencia pronunciada en la Universidad de Sevilla y publicada en su Web (http://arturoroldan.salvatierra.biz).
 

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