En este artículo, Freud se dirige especialmente a Guinon, Gilles de la Tourette, Janet,... los seguidores de Charcot (en la foto) que continuaban defendiendo su teoría etiológica de las neurosis.

El Profesor J. M. Charcot (1825-1893)

LA HERENCIA Y LA ETIOLOGÍA DE LAS NEUROSIS (1896)

Comienza cuestionando el papel atribuido a la herencia en la teoría de Charcot, a la que opone fundamentalmente diversos “argumentos de hecho” que él mismo ha constatado en las familias de sus pacientes.

Apartado I.

“(…) Al lado de los individuos enfermos hay en estas familias personas que permanecen sanas, y la teoría de la herencia disimilar no nos dice por qué estas últimas soportan la misma carga hereditaria sin sucumbir a ella, ni por qué los individuos enfermos han escogido entre las afecciones que constituyen la gran familia neuropática una determinada enfermedad en lugar de otra; la histeria en lugar de la epilepsia, la locura, etc. Como en la patogenia nerviosa no puede concederse lugar alguno al azar, habremos de reconocer que no es la herencia la que preside la elección de la neuropatía que se desarrollará en el miembro de una familia afecto de predisposición, suponiendo, en cambio, la existencia de otras influencias etiológicas de una naturaleza menos incomprensible; influencias que merecerán entonces el nombre de etiología específica de tal o cual afección nerviosa. Sin la existencia de este factor etiológico especial, la herencia no hubiera podido hacer nada, y si dicha etiología específica hubiera sido sustituida por otra influencia, se hubiera prestado a la producción de otra distinta neuropatía.”(53)

Apartado II.

Explica que, basándose en sus observaciones, ha construido la nosología en la que ha venido trabajando los tres últimos años y que conocemos como la “primera nosología freudiana”:

“Me ha sido necesario comenzar mi trabajo por una innovación nosográfica. He hallado razones suficientes para situar al lado de la histeria la neurosis obsesiva como afección autónoma e independiente, aunque la mayoría de los autores coloquen las obsesiones entre los síndromes de la degeneración mental o las confundan con la neurastenia. Por mi parte, he descubierto, examinando su mecanismo psíquico, que las obsesiones se hallan enlazadas a la histeria más íntimamente de lo que se cree.

La histeria y la neurosis obsesiva forman el primer grupo de las grandes neurosis por mí estudiadas. El segundo contiene la neurastenia de Beard, que yo he descompuesto en dos estados funcionales diferentes, tanto por su etiología como por su aspecto sintomático: la ‘neurastenia’ propiamente dicha y la ‘neurosis de angustia’, denominación esta última que, dicho sea de paso, no acaba de satisfacerme. En un estudio, publicado en 1895, he expuesto las razones de esta separación, que creo necesaria.”(54)

Propone agrupar en tres clases las influencias etiológicas en estas enfermedades: “Condiciones”, que son indispensables para que se produzca la enfermedad pero que también se encuentran en otras enfermedades (y entre las que sitúa el papel de la herencia); “Causas concurrentes”, que pueden colaborar en la aparición de la enfermedad pero que no son indispensables (como los accidentes traumáticos, el agotamiento, etc.); y “Causas específicas”, que además de indispensables son específicas de cada enfermedad.

Entonces, el salto que da, la mayor innovación que introduce en este artículo, es que eleva a la categoría de causa específica la influencia de la vida sexual:

“La neurastenia propiamente dicha, de un aspecto clínico muy monótono en cuanto se separa de ella la neurosis de angustia (fatiga, sensación de asco, dispepsia flatulenta, estreñimiento, parestesias espinales, debilidad sexual, etc.), no reconoce como etiología específica más que el onanismo (inmoderado) o las poluciones espontáneas.”(55)

“La neurosis de angustia, cuyo cuadro clínico es mucho más rico (irritabilidad, estado de espera angustiosa, fobias, ataques de angustia completos o rudimentarios, de miedo, de vértigo, temblores, sudores, congestión, disnea, taquicardia, etcétera; diarrea crónica, vértigo crónico de locomoción, hiperestesia, insomnios, etc.), se revela fácilmente como el efecto específico de diversos desórdenes de la vida sexual, que no carecen de un carácter común a todos. La abstinencia forzada, la excitación genital frustrada (no satisfecha por el acto sexual), el coito imperfecto o interrumpido, los esfuerzos sexuales que sobrepasan la capacidad psíquica del sujeto, etc., (…).”(56)

Para la segunda clase de neurosis, es decir, las psiconeurosis, dice que debe sus resultados al empleo de “un nuevo método de psicoanálisis” (primera vez que utiliza este término en su obra), por medio del cual llega siempre a encontrar en el origen de la histeria una “experiencia de pasividad sexual anterior a la pubertad” que presenta dos características:

“El suceso del cual ha conservado el sujeto un recuerdo inconsciente es una experiencia sexual precoz con excitación real de las partes genitales, seguida de un abuso sexual practicado por otra persona, y el período de la vida en el que acaeció este suceso funesto es la infancia hasta la edad de ocho o diez años, antes de haber llegado el niño a la madurez sexual.”(57)

Y para explicar cómo es posible que estos sucesos de la infancia no produzcan sus efectos hasta un determinado momento de la vida adulta, introduce también una nueva concepción de la temporalidad:

“(…) precisamente por tratarse de un sujeto infantil no produce en su fecha la excitación efecto alguno, pero su huella psíquica perdura. Más tarde, cuando con la pubertad queda desarrollada la reactividad de los órganos sexuales hasta un nivel inconmensurable con relación al estado infantil, es reanimada esta huella psíquica inconsciente, y a causa de la transformación debida a la pubertad, despliega el recuerdo una potencia de la que careció totalmente el suceso mismo. El recuerdo actúa entonces como si fuese un suceso presente. Trátase, pues, por decirlo así, de una acción póstuma de un trauma sexual.”

“Todos los sucesos posteriores a la pubertad, a los cuales es preciso atribuir una influencia sobre el desarrollo de la neurosis histérica y sobre la formación de sus síntomas, no son en realidad sino causas concurrentes, agentes provocadores, como decía Charcot, para el cual ocupaba la herencia nerviosa el puesto que yo reclamo para la experiencia sexual precoz. Su conexión con la huella patógena primaria es lo que lleva su recuerdo a lo inconsciente, facultándolos así para contribuir al desarrollo de una actividad psíquica sustraída al poder de las funciones conscientes.”(58)

Mientras que en el origen de la neurosis obsesiva también encuentra siempre un suceso sexual precoz, pero en estos casos se trata de:

“(…) un suceso que ha causado placer, de una agresión sexual inspirada por el deseo (sujeto infantil masculino) o de una gozosa participación en las relaciones sexuales (sujeto infantil femenino).

Las ideas obsesivas, (…) no son sino reproches que el sujeto se dirige por el goce sexual anticipado, si bien reproches desfigurados por una labor psíquica inconsciente de transformación y de sustitución.

El hecho mismo de que tales agresiones sexuales tengan lugar a una edad tan tierna parece denunciar la influencia de una seducción anterior, de la cual es consecuencia la precocidad del deseo sexual. (…) De este modo queda explicado un hecho constante en estos casos de neurosis obsesiva; esto es, la complicación regular del cuadro sintomático por un cierto número de síntomas simplemente histéricos.”(59)

Pero como vemos, en este artículo no explica nada nuevo sobre las fobias, ni siquiera el más mínimo indicio sobre cómo podría distinguirse en su etiología alguna causa específica que las diferenciara por su origen de los síntomas histéricos y obsesivos a partir de esta nueva “teoría de la seducción”. Sólo nos queda suponer que sigue pensando que lo único que tienen de peculiar es el mecanismo por el que se producen -la elección de una determinada representación, el falso enlace con el objeto fóbico para taponar la angustia-, mientras que los factores etiológicos en su base podrían ser cualquiera de los cuatro mencionados: los de la neurastenia, la neurosis de angustia, la histeria o la neurosis obsesiva, lo que sí justificaría por otra parte la extrema variedad de las fobias. Todo lo cual viene a confirmárnoslo con su siguiente publicación.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(53) Freud, S.: “La herencia y la etiología de las neurosis”, pág. 278. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(54) Ídem, pág. 279.
(55) Ídem, pág. 281.
(56) Ídem, págs. 281 y 282.
(57) Ídem, pág. 282.
(58) Ídem, págs. 283 y 284.
(59) Ídem, págs. 284 y 285.

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