Capítulo X.

Lo que necesitamos encontrar, por tanto, es un factor que nos explique por qué unos individuos pueden subordinar la angustia a la vida anímica normal y otros fracasan en la misma empresa. Hasta Freud han llegado dos hipótesis al respecto:

- La de Alfred Adler, que afirma que los que fracasan, los que no pueden dominar la angustia, son los individuos a los que alguna inferioridad orgánica les crea demasiadas dificultades. Pero Freud le objeta que esta explicación se revela insuficiente ante los hechos descubiertos por el psicoanálisis.

- Y la de Otto Rank, quien en su obra “El trauma del nacimiento” sostiene que depende de la magnitud inicial de dicho trauma, y de la angustia consiguiente, el que el individuo llegue o no a dominarla por completo algún día, alcance la normalidad o sufra alguna patología neurótica. Freud considera esto muy discutible, indica que no tiene en cuenta los factores constitucionales y filogénicos, que no se apoya en observaciones firmes y que, aunque presenta la ventaja de permitir una comprobación experimental, no cree que cuando ésta se realice algún día, los resultados le sean favorables.

La solución ideal, la que les gustaría encontrar a los médicos, prosigue Freud, sería la de una materia química específica, o un bacilo que se pudiera aislar y tratar como cualquier otro de los que producen enfermedades curables por la medicina. Y así lo demuestra el hecho de que, aún en el siglo XXI, es algo similar todavía lo que se sigue buscando por la psiquiatría organicista a través de la investigación en los campos de la psicofarmacología y la genética.

Pero el psicoanálisis nos conduce a resultados menos sencillos y satisfactorios:

Cuando el yo ha conseguido defenderse contra un impulso pulsional por medio, por ejemplo, de la represión, además de inhibir y dañar esa parte del Ello, excluye lo reprimido de su organización, de modo que cuando el yo deja de tener motivo para iniciar una defensa contra un nuevo impulso análogo al reprimido, de todas maneras la compulsión a la repetición le conduce a reprimirlo también, como si la situación peligrosa perdurase aún. En algunos casos, es la intensidad de la represión previa la que hace tan grande la atracción regresiva de lo reprimido que el nuevo impulso se ve forzado a seguir la compulsión a la repetición. En otros, son las dificultades reales de la vida las que robustecen la atracción de lo reprimido.

Sea como sea, la terapia analítica demuestra que éste es el proceso por el que se fija la represión y que son relaciones cuantitativas las que deciden la conservación de las antiguas situaciones peligrosas.

Entre los factores que participan en la causación de la neurosis, para Freud resaltan tres:

- Un factor biológico: el largo período de desamparo tras el nacimiento, de invalidez y dependencia de los adultos de la criatura humana, que establece sus primeras situaciones peligrosas y le crea la necesidad de ser amado, que ya no le abandonará jamás.

- Un factor filogénico: el período de latencia, entre el primer florecimiento sexual y la pubertad, que Freud atribuye a algo importante que debió suceder en la historia de la especie humana y que da lugar a que los impulsos de la sexualidad en la pubertad corran el riesgo de sucumbir a la atracción de los prototipos infantiles y seguirlos en la represión.

- Y un factor psicológico: una imperfección de nuestro aparato anímico, la diferenciación en el Ello del yo, dependiente también de la influencia del mundo exterior, por lo que el yo trata de protegerse de ciertas pulsiones igual que de los peligros externos, y lo único que consigue así es restringir su propia organización y formar síntomas sustitutivos que quedan fuera de su dominio.

“Por ahora -concluye Freud- no llega a más nuestro conocimiento de la esencia y la causación de las neurosis.”(358)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(358) Ídem, pág. 2873.
 

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