Capítulo VI.

Lo dedica al examen de lo que denomina como otros dos “subrogados de la represión” que se observan en las neurosis obsesivas (interpretables quizás como “una prueba de que la represión propiamente dicha tropieza con dificultades en su funcionamiento”(346)) y que ya vimos en parte de pasada en el capítulo anterior: las técnicas auxiliares de “deshacer lo sucedido” (los “síntomas de dos tiempos”) y del “aislamiento”. Este último se manifiesta como síntoma cada vez que, después de un suceso desagradable o de un acto propio relacionado con su neurosis, el obsesivo interpola una pausa en la que trata que nada suceda, es decir, no tener percepción alguna ni ejecutar ningún otro acto para evitar que los pensamientos relativos a ese suceso o actividad entren en contacto asociativo con otros pensamientos, todo lo cual lo relaciona Freud con “uno de los más antiguos y fundamentales mandamientos de la neurosis obsesiva: el tabú del contacto”(347).

Al final, da por terminada la investigación sobre la formación de síntomas reconociendo que sus resultados han sido limitados e incompletos. Además advierte que de la yuxtaposición de tales resultados sobre las tres neurosis ha surgido un grave problema: en las tres se ha descubierto que la fuerza motivacional por la que se inician es el miedo a la castración, pero sólo en las fobias se exterioriza este miedo. ¿Cómo se lo ahorra el yo en las otras dos neurosis?. El problema es aún mayor si se admite la posibilidad, antes planteada, de que la angustia también surja por transformación de la libido reprimida. Por último, queda otra pregunta por responder: si verdaderamente el único motor de la defensa es el miedo a la castración, puesto que en las neurosis de las mujeres no puede hablarse de angustia de castración propiamente dicha.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(346) Freud, S.: “Inhibición, síntoma y angustia”, pág. 2852. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(347) Ídem, pág. 2854.
 

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