Capítulo III.

Esta aparente contradicción entre la fuerza y la debilidad del yo frente al Ello, queda rápidamente resuelta en cuanto pensamos que el yo es una diferenciación del Ello, y que es débil si ha de enfrentarse a él, pero participa de su poder cuando actúa como su parte organizada. Igualmente sucede en la relación entre el yo y el superyó, que cuando no están en conflicto se pueden confundir.

Entonces, con respecto a la represión, el yo funciona como la parte organizada del Ello, haciendo uso de su poder, pero en el resultado de este proceso en las represiones más o menos fracasadas se manifiesta también su impotencia, puesto que el síntoma sustitutivo que surge después afirma su existencia fuera de la organización del yo, como un cuerpo extraño.

Por eso, aunque a veces, sobre todo en las histerias de conversión, la lucha contra el impulso pulsional termina tras la formación del síntoma, lo más habitual es que a continuación se produzca una lucha secundaria contra el síntoma mismo, contra los fenómenos de estímulos y reacciones que ese cuerpo extraño genera.

Esta lucha secundaria emplea principalmente dos procedimientos. El primero consiste en una tentativa de conciliación, de suprimir el extrañamiento y el aislamiento del síntoma enlazándolo e incorporándolo a la organización del yo. Lo que da lugar a que el yo trate de adaptarse al síntoma de la misma manera que procura adaptarse a las circunstancias del mundo exterior, como se observa en los síntomas histéricos que constituyen transacciones entre la necesidad de satisfacción y la de castigo. Ahora bien, Freud advierte que:

“La importancia de esta adaptación secundaria al síntoma se ha llegado también a exagerar, afirmando que el yo no ha creado el síntoma sino precisamente para gozar de sus ventajas. Pero esto equivale a suponer que un soldado se dejaría herir de gravedad hasta perder una pierna para vivir en adelante sin trabajar, a costa del Estado.”(334)

Por otra parte, en la neurosis obsesiva y en la paranoia existen algunos síntomas que adquieren un gran valor para el yo por aportarle una satisfacción narcisista. Por ejemplo, muchos obsesivos suelen creerse mejores hombres que los demás por ser de moral más estricta. Y de todas estas circunstancias, deduce Freud lo que denomina la “ventaja secundaria de la enfermedad”, que apoya la tendencia del yo a incorporarse el síntoma y opone una gran resistencia durante el análisis a la consecución de la cura.

El segundo procedimiento que emplea el yo contra el síntoma es de carácter contrario al anterior y consiste en proseguir la labor de la represión, pero no se debe a que el yo sea inconsecuente (porque él preferiría lo primero, incorporar el síntoma a su organización), lo que sucede es que, en la medida en que el síntoma continúa perturbándole, el yo se ve forzado a dar de nuevo la señal de displacer y prepararse otra vez para la defensa.

Así pues, la lucha secundaria contra el síntoma es multiforme y, para poder continuar investigándola, Freud considera preciso adentrarse en los distintos casos de formación de síntomas.

“No hallándonos aún preparados para las hipótesis de la formación de síntomas en la neurosis obsesiva, en la paranoia y en otras neurosis, partiremos de los síntomas que crea la neurosis histérica.”(335)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(334) Ídem, pág. 2840.
(335) Ídem, pág. 2841.
 

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