Capítulo I.Empecemos por señalar que, siguiendo su orden en el título, Freud plantea estas tres nociones en el texto también en sentido inverso al que ya estudiamos en el caso Juanito que se suelen observar en realidad, puesto que lo primero que se advirtió en el niño fue la angustia, que después originó el síntoma de su fobia a los caballos, que a su vez dio lugar a sus inhibiciones relativas a la movilidad. Así, comienza explicando que acostumbramos a hablar de inhibición cuando nos referimos a una simple disminución de una función del yo, aunque hay que tener en cuenta que a veces esta restricción de una función llega a ser tan intensa que se convierte en algo patológico, mientras que empleamos el término síntoma para referirnos siempre, sin duda, a un proceso patológico. En otras palabras, en ese sentido, la inhibición puede llegar en ocasiones a constituir un síntoma, pero, por otra parte, habitualmente no pasará de ser algo que sucede en el yo, mientras que el síntoma propiamente dicho siempre implica a las diferentes instancias en un proceso por el que se genera una formación sustitutiva. “En muchos casos parece quedar al arbitrio del observador acentuar el lado positivo o negativo del proceso patológico y calificar su resultado de síntoma o de inhibición.”(329) Como este camino no le parece muy fructífero, pasa a revisar cómo se manifiestan las principales inhibiciones en las diversas neurosis: A) Las inhibiciones en la función sexual, que se reúnen bajo el concepto de impotencia psíquica. B) Las inhibiciones en la nutrición, de entre las que considera como la más frecuente la repugnancia a comer por retirada de la libido. C) Las inhibiciones en la locomoción, donde hace una referencia a las fobias a propósito de que en éstas las inhibiciones desaparecen al cumplirse ciertas condiciones: “La locomoción aparece inhibida en algunos estados neuróticos por repugnancia a andar o por debilidad de las extremidades abdominales. El impedimento histérico se sirve de la parálisis motora del aparato locomotor o crea una interrupción especial de esta función del mismo (abasia). Particularmente características son las alteraciones de la locomoción por interpolación de ciertas condiciones cuyo incumplimiento hace surgir angustia (fobia).”(330) D) Las inhibiciones en el trabajo: como disminución del deseo, como realización defectuosa o como fenómenos de reacción (fatiga, vértigos, vómitos, etc.). La histeria lo interrumpe por las parálisis y demás síntomas de conversión, y la neurosis obsesiva lo perturba por distracción y pérdida del tiempo. Tras lo cual se decide por una interpretación o definición: “La inhibición es la expresión de una ‘restricción funcional del yo’, restricción que puede obedecer a muy diversas causas.”(331) Las inhibiciones “específicas”, como la del acto de escribir, se deben a una erotización de los órganos que intervienen en tales funciones. Por ejemplo, si escribir toma la significación simbólica del coito o andar simboliza pisar la madre Tierra, el yo renuncia a estas funciones para no entrar en conflicto con el Ello. Otras inhibiciones se producen para no entrar en conflicto con el superyó, para evitar el éxito en servicio del autocastigo. Pero las más generales siguen un mecanismo muy sencillo: el empobrecimiento de la energía, como se observa por ejemplo en los neuróticos obsesivos, que evitan un acceso de ira quedando sumidos en una fatiga paralizadora que puede durar varios días. Y Freud concluye: ya sea como medida de precaución o por empobrecimiento de energía, se distinguen del síntoma en que éste no es un proceso que ocurra o actúe dentro del yo. © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (329) Freud, S.: “Inhibición, síntoma y angustia”, pág.
2833. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973. |
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