El dibujo de la correa negra y ancha que los caballos de tiro pesado llevan en torno del hocico.

El dibujo de la correa negra del caballo (pág. 1388 de las Obras Completas de Freud editadas por Biblioteca Nueva)

HISTORIAL CLÍNICO Y ANÁLISIS

El desencadenamiento de la fobia.

El siguiente capítulo del libro comienza con esta carta del padre de Juanito:

“Señor profesor: De nuevo me permito enviarle una serie de notas y observaciones sobre Juanito, y esta vez, desgraciadamente, como aportaciones a un historial clínico. Como verá usted por ellas, Juanito presenta, desde hace algunos días, trastornos nerviosos que nos tienen muy intranquilos, pues no sabemos cómo librarle de ellos. En consecuencia, le ruego me dé hora para acudir mañana a consultarle. Por lo pronto, le remito mis últimas anotaciones.

Como base de la perturbación nerviosa, sospecho una sobreexcitación sexual debida a los mimos de la madre. Lo que no puedo indicar es el último estímulo que ha provocado la emergencia de la enfermedad. El miedo a ‘que un caballo le muerda en la calle’ parece hallarse relacionado en alguna forma con el susto experimentado por la vista de un pene de grandes proporciones. Ya sabe usted, por anteriores anotaciones mías, que Juanito observó, ya en edad muy temprana, el pene desmesurado del caballo, y dedujo, por entonces, que su madre, siendo tan mayor, debía tener una cosita de hacer pipí como la de un caballo.

Pero no sé qué deducir de todo esto. ¿Ha tropezado acaso con algún exhibicionista?. ¿O se relaciona todo exclusivamente con su madre?. No nos es nada agradable que empiece ya a plantearnos enigmas. Aparte del miedo a salir a la calle y de la depresión de ánimo que le acomete al anochecer, es el mismo de siempre, alegre y tranquilo.”(79)

Las primeras anotaciones al respecto datan (siguiendo la cronología de la traducción de López Ballesteros) de cuando Juanito tiene ya cuatro años y nueve meses, a principios de Enero de 1908:

“(…) se levanta hoy llorando. Interrogado por su madre sobre las causas de su llanto, responde: ‘Mientras dormía he pensado que te habías ido y que no tenía ya una mamá que me acariciase.’

Trátase, pues, de un sueño de angustia.

(…)

El 5 de enero se encarama por la mañana en la cama de su madre y le dice: ‘¿Sabes lo que dijo una vez tía M.?. Pues dijo: ¡Qué cosita más linda tiene!’. (…)

El 7 de enero Juanito sale con su niñera, como de costumbre, para ir a pasear por el parque. Pero una vez en la calle se echa a llorar y pide que le vuelvan a casa, pues quiere que su madre le ‘mime’. (…)

El 8 de enero su madre se propone salir con él para ver por sí misma qué le pasa. Quiere llevarle a Schönbrunn, lugar que siempre le ha gustado mucho. Juanito no quiere salir, llora de nuevo y tiene miedo. Por fin se convence y sale con su madre, pero en la calle se le advierte visiblemente atemorizado. Al regresar de Schönbrunn y después de mucho resistirse confiesa a su madre la causa de sus temores: ‘Tenía miedo de que me mordiese un caballo’.”(80)

En su comentario, Freud llama la atención sobre que la angustia se inicia con anterioridad a la fobia, angustia que atribuye a que en los últimos meses la “ternura hacia la madre ha debido experimentar una enorme intensificación”, lo que considera probado por:

“(…) las dos tentativas de seducción de que Juanito hace objeto a su madre: la primera todavía en el curso del verano, y la segunda, reducida a una alabanza de sus propios genitales, muy poco antes de la emergencia de la angustia al salir a la calle. Tal intensificada ternura hacia la madre es lo que se convierte en angustia; aquello que, según nuestra terminología analítica, sucumbe a la represión. Ignoramos todavía de dónde procede el impulso que desencadena la represión. Es posible que haya sido provocada simplemente por la intensidad del impulso, imposible de dominar para el niño, o también que hayan colaborado a ella otros poderes que desconocemos.”(81)

Establece seguidamente su conocida distinción entre angustia y miedo por la carencia o no de objeto:

“Esta angustia, correspondiente a un deseo erótico reprimido, carece, en un principio, de objeto, como toda angustia infantil. Es aún angustia y no miedo. El niño puede saber de qué tiene miedo, y si Juanito, en su primer paseo con la niñera, no quiere decir a qué tiene miedo, es porque realmente no lo sabe.”(82)

Una vez que la angustia ha llegado a ser patológica, ya no puede ser retransformada en libido:

“La angustia corresponde, pues, a un deseo reprimido, pero no es lo mismo que el deseo. Hemos de tener en cuenta la represión. El deseo se convierte totalmente en satisfacción cuando se le aporta el objeto deseado. En la angustia no sirve ya esta terapia. La angustia perdura, aun cuando el deseo pudiera ser satisfecho. (…)"

Es decir, de poco consuelo le sirve ya a Juanito que su madre le acompañe en su paseo a Schönbrunn del 8 de Enero o que le mime a su regreso, lo que demuestra que la angustia no se halla en relación a la ausencia o la presencia de la madre, sino a un más allá que Lacan explica en su Seminario 10 como la "presentificación del objeto a" y que Freud no alcanzará nunca a teorizar. Por eso ha de limitarse a utilizar esta característica para tratar de definirla, en una nota a pie de la misma página, como:

"(…) el criterio según el cual decidimos si son o no normales tales sentimientos mixtos de angustia y deseo. Empezamos a denominar ‘angustia patológica’ en el preciso instante que no logran éstos ser aliviados al alcanzar el objeto deseado.”(83)

Por otra parte, descarta rotundamente (cosa con la que Lacan tampoco se mostrará muy de acuerdo) que la angustia se deba a la masturbación:

“El hecho de que el niño se procure sensaciones placenteras por medio de la masturbación no explica en modo alguno su angustia. Por el contrario, la hace aún más enigmática. Ni la masturbación ni, en general, satisfacción alguna, provocan estados de angustia. Además, hemos de admitir que nuestro Juanito, llegado ya a los cuatro años y nueve meses, viene ya procurándose todas las noches aquel mismo placer desde hace un año, cuando menos, (…).”(84)

Y sale en defensa de la madre de Juanito a la que califica de “madre excelente y cuidadosa, a la que seguramente preocupan mucho los trastornos de su hijo”:

“El padre la acusa, no sin un cierto viso de razón, de haber provocado la emergencia de la neurosis con su mimo exagerado y permitiendo con demasiada frecuencia que Juanito ocupara un sitio en su lecho. Con igual fundamento podríamos nosotros reprocharle haber apresurado la represión con su enérgica repulsa de las proposiciones de su hijo (‘¡Eso es una porquería!’). Pero debemos tener en cuenta que en todo esto la madre no hace sino desempeñar un papel marcado por el destino y extremadamente espinoso y comprometido.”(85)

Pero con respecto a los comentarios de Freud sobre los padres, en general, nos convendrá tener siempre presente la advertencia que formula Raúl A. Yafar en una de sus obras:

“La lectura de Freud, les aclaro, es tendenciosa, como en todos sus historiales clínicos. Los padres aparecen como héroes y las pulsiones de los pacientes hacen de las suyas, favoreciendo el pegoteo a las figuras incestuosas. Freud nunca es objetivo con esto, siempre toma partido por los padres, o cuanto menos es aséptico (lo cual ya constituye una forma de encubrimiento), él quiere demostrar el Complejo de Edipo en el sujeto-niño y no le interesa la influencia de su familia en el destino del mismo. Sabemos que los culturalistas señalaron y criticaron esta ceguera de Freud, aunque esto no implique en sí un aporte al psicoanálisis de su parte. Sobrecarga entonces freudiana de la puntuación de la seducción del niño a la madre, y no la inversa, aunque haya un detalle completo de los materiales del padre de Hans que nos permite releer el componente ideológico de Freud. Su intencionalidad vicia su pensamiento por la preocupación en confirmar la sexualidad infantil.”(86)

En cuanto a la elección del objeto fóbico, el caballo, que en este primer momento parece representar a la madre, nos dice Freud:

“¿De dónde procede el material de esta fobia?. Probablemente, de aquellos complejos aún desconocidos que han contribuido a la represión y mantienen reprimida la libido orientada hacia la madre. Esto es un nuevo enigma del caso, cuyo ulterior desarrollo habremos de perseguir para hallar su solución. El padre nos ha proporcionado ya varios puntos de apoyo en los que podemos confiar. Así, el interés que Juanito ha dedicado siempre a los caballos a causa del tamaño de su cosita, y su deducción de que la madre debía de tener una cosita como un caballo, etcétera. Podríamos, pues, sospechar que el caballo no es más que un sustitutivo de la madre.”(87)

Por todo ello, en la entrevista que sostiene con el padre el día posterior a la carta, le proporciona las siguientes orientaciones:

“(…) dirá a Juanito que aquello del caballo es una tontería y nada más. La verdad es que quiere mucho a su mamá y desea que ésta le acoja en su cama. Si le daban miedo los caballos es porque antes le había interesado tanto cómo tenían la cosita y ahora se había enterado de que no estaba bien ocuparse tanto de la cosita, ni siquiera de la suya propia. Además, propuse al padre que iniciase ya el camino del esclarecimiento sexual. Ya que por la historia del infantil sujeto habíamos de suponer que su libido se hallaba adherida al deseo de ver la cosita de su madre, podía despojarlo de tal fin comunicándole que la madre y todas las demás criaturas femeninas, como ya le era conocido por Hanna, no poseían una cosita igual a la suya. Tal explicación debería dársela en ocasión propicia, aprovechando una pregunta o una observación del mismo Juanito.”(88)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(79)  Ídem, pág. 1374.
(80) Ídem, págs. 1374 y 1375.
(81) Ídem, pág. 1375.
(82) Ídem.
(83) Ídem, pág. 1376.
(84) Ídem, págs. 1376 y 1377.
(85) Ídem, pág. 1377.
(86) Yafar, R.A.: “El caso Hans: Lectura del historial de Freud”, pág. 22. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1991.
(87) Freud, S.: “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (Caso Juanito)”, pág. 1376. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(88) Ídem, pág. 1377.
 

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