APARTADO III.

Puesto que ni las implicaciones del caso Juanito para el psicoanálisis con niños ni para las prácticas educativas nos incumben directamente en la investigación que estamos realizando, nos ceñiremos a estudiar de este apartado la respuesta que da Freud a la primera de las objeciones que él mismo se planteaba, al empezar la “Epicrisis”, que no tardarían en argumentarle: que este niño es un enfermo, “un pequeño hereditario”, y por tanto las conclusiones del caso no se pueden generalizar a los niños normales.

Ahora es cuando nos enteramos que si ha esperado hasta el final para tratar de rebatirla es porque teme que, en efecto, pueda atribuírsele a Juanito una tara hereditaria, ya que su madre enfermó de neurosis durante su adolescencia y fue analizada por él.

“Sólo muy tímidamente arriesgaré, pues, algo a favor del pequeño paciente.

Ante todo haré constar que Juanito no es lo que nos representaríamos, después de una rigurosa observación, como un niño degenerado, hereditariamente condenado a la nerviosidad, sino más bien una criatura físicamente bien conformada, alegre, amable y de inteligencia vivaz. Su florecimiento sexual fue indudablemente prematuro; mas para emitir un juicio sobre esta cuestión carecemos de material comparativo suficiente. En una colección de investigaciones efectuadas en América he visto que no son nada raros casos análogamente prematuros de sentimientos amorosos y elección de objeto. A idéntica conclusión nos lleva la lectura de biografías de muchos grandes hombres. Habremos, pues, de inclinarnos a suponer que la precocidad sexual va casi siempre pareada a la intelectual, siendo así más frecuente de lo que esperamos entre los niños inteligentes.”(183)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(183) Freud, S.: “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (Caso Juanito)”, pág. 1437. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
 

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