APARTADO I.

Tras exponer, nada más empezar, su convicción de que cuanto se ha observado en el caso Juanito confirma plenamente lo que hasta entonces sólo había podido deducir a través de sus pacientes adultos acerca de la sexualidad infantil, adelanta las dos objeciones principales que ya sabe que le opondrán sus críticos: 1. que el niño es un enfermo, “un pequeño hereditario” (recuérdese la importancia que le otorgaba la psiquiatría de su época a la herencia), y por tanto las conclusiones no se deben generalizar a los niños normales; y 2. que al haber realizado el análisis su propio padre, dichas conclusiones carecen de valor porque el pequeño se habrá dejado “sugestionar” por él.

Deja a un lado de momento la primera (que tratará al comienzo del apartado III) y enfrenta la segunda con diversos argumentos entre los que destacaremos:

1. “No comparto la opinión, muy extendida hoy, de que las manifestaciones de los niños son totalmente arbitrarias y nada fidedignas. En lo psíquico no existe la arbitrariedad y la falta de autenticidad de las manifestaciones infantiles proviene de la preponderancia de su fantasía, como en los adultos de la preponderancia de sus prejuicios. Fuera de esto, el niño no miente jamás sin causa, y en general muestra mayor amor a la verdad que los adultos.”

2. “Rechazar sin formación de causa todas las manifestaciones de Juanito sería cometer con él una enorme injusticia. Es perfectamente posible distinguir cuándo falsea o retiene la verdad bajo la coerción de una resistencia, cuándo acepta, indeciso aún en su fuero interno, las opiniones de su padre, y cuándo comunica sinceramente, libre de toda presión, su íntima verdad, hasta entonces sólo de él conocida. No ofrecen ciertamente mayores garantías las manifestaciones de los adultos.”

3. “En el curso del análisis hubo que decirle, desde luego, muchas cosas que él no sabía decir espontáneamente, facilitarle ideas de las cuales no se había manifestado aún en él indicio ninguno y orientar su atención hacia aquellos caminos por los que el padre esperaba ver acercarse nuevos elementos. Ello debilita la fuerza probatoria del análisis; pero también en todo análisis se sigue igual procedimiento.”

4. “Concedemos, pues, que el niño, por el escaso desarrollo de sus sistemas intelectuales, precisa de una ayuda especialmente intensa. Pero aquello que el médico comunica al enfermo procede, a su vez, de la experiencia acumulada en otros análisis, y ya resulta suficientemente probatorio el hecho de que, por medio de esta intervención médica, se consiga el descubrimiento y la solución del material patógeno.”

5. “A pesar de todo esto, nuestro pequeño paciente ha demostrado también, en el curso del análisis, independencia suficiente para absolverle de toda acusación de ‘sugestión’.”(165)

A continuación hace un breve resumen de lo que se ha comprobado a lo largo del historial sobre la vida sexual de Juanito:

1. “Un vivísimo interés por su ‘cosita de hacer pipí’, interés que hace de él un investigador”, buscando descubrir una posibilidad de diferenciar lo animado y lo inanimado por la posesión o no de la cosita, etc.

2. “(…) Juanito gustaba de procurarse sensaciones placientes por medio de tocamientos de aquel miembro. El pequeño sujeto inicia así la forma más corriente -y la más normal- de la actividad sexual autoerótica.” Y recordando la “confluencia de las pulsiones” de la que habla Adler, explica Freud que este placer del tocamiento genital se enlaza con el placer visual y da lugar al desarrollo en Juanito de su curiosidad sexual por ver la cosita de otras personas y mostrar la suya, actividades a las que considera que le impulsó también la necesidad de “comparar”, “como si el deseo infantil de ser grande recayese aquí especialmente sobre lo genital”.

3. “En la constitución sexual de Juanito es, pues, desde un principio, la zona genital, la más intensamente acentuada de placer de todas las zonas erógenas. Fuera de ella sólo hallamos testimoniado el placer excremental enlazado a los orificios de la micción y la defecación.” Pero este último no había adquirido para Juanito “la singular importancia que frecuentemente tiene en otros niños.” Por el contrario, él aprendió pronto los hábitos de limpieza y, durante la fobia, se esforzó por reprimir todos los componentes de su actividad sexual.

4. “Una constitución sexual como la de nuestro Juanito no parece integrar disposición alguna al desarrollo de perversiones o de su negativo, las neurosis. Por lo que hasta ahora he llegado a saber (en este punto conviene aún observar una prudente reserva) la constitución congénita de los histéricos -y la de los perversos, naturalmente- se caracteriza por la primacía que adquieren sobre la zona genital las demás zonas erógenas. Una única ‘aberración’ de la vida sexual constituye excepción a esta regla. En los sujetos ulteriormente homosexuales (…) hallamos igual preponderancia infantil de la zona genital y muy especialmente del pene.” Y, tras recordar la teoría sobre la homosexualidad que ya expuso en los “Tres ensayos”, concluye: “Juanito es homosexual en un sentido, en el que todos los niños pueden serlo, puesto que no conocen más que una clase de órgano genital, un genital como el suyo. Pero la evolución ulterior de nuestro pequeño sujeto no se encamina hacia la homosexualidad, sino hacia una enérgica virilidad polígama, que sabe conducirse diferentemente según las características de sus distintos objetos sexuales, emprendedora unas veces, tímida y platónica otras.”

5. “En sus relaciones con sus padres confirma Juanito, con máxima evidencia, las afirmaciones que incluimos en ‘Tres ensayos’ y en ‘La interpretación de los sueños’, sobre las relaciones sexuales de los niños con sus padres. Es verdaderamente un pequeño Edipo que quisiera hacer desaparecer a su padre para quedarse solo con su madre y dormir con ella. (…) Pero nuestro Juanito no es un malvado, ni siquiera uno de aquellos niños en quienes las inclinaciones crueles y violentas de la naturaleza humana se encuentran aún libremente desarrolladas en esta época de la vida. Por el contrario, su natural es extraordinariamente bondadoso y cariñoso.”

6. “El suceso más importante para el desarrollo psicosexual de nuestro héroe es el nacimiento de su hermanita cuando él tenía tres años y medio. (…) También esta última influencia es típica. En toda una serie insospechadamente amplia de historias clínicas, nos vemos llevados a tomar como punto de partida esta eclosión del placer sexual y de la curiosidad sexual, consecutiva al nacimiento de un hermanito. La conducta general del niño ante el intruso ha quedado descrita en mi ‘Interpretación de los sueños’. A los pocos días del nacimiento de su hermana, Juanito, enfermo y con fiebre, delata su disconformidad con aquel aumento de la familia. En este caso, surge en primer término, cronológicamente, la hostilidad; el cariño podrá venir después.”(166)

Aquí podemos agregar que, a lo largo de todo el historial, tanto en la descripción de sus relaciones con los padres como con la hermanita, ya se hallan claramente las huellas del concepto de “ambivalencia” freudiano, término que aunque fue utilizado por primera vez en 1908 por Eugen Bleuler y en relación con la demencia precoz(167), no veremos aparecer en la obra de Freud hasta “La dinámica de la transferencia”(168), de 1912.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(165) Freud, S.: “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (Caso Juanito)”, págs. 1418 a 1420. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(166) Ídem, págs. 1420 a 1424.
(167) Véase Roldán, A.: “Amor y odio desde la perspectiva del psicoanálisis”. Artículo publicado en su Web (http://arturoroldan.salvatierra.biz).
(168) Véase Freud, S.: “La dinámica de la transferencia”, pág. 1652. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
 

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