IV. Las dos clases de pulsiones.Empieza este capítulo declarando que con la división del ser anímico en el yo, el Ello y el superyó, se propone sostener y continuar la teoría de las pulsiones que inició en “Más allá del principio del placer”, es decir, la oposición entre el Eros (que integra las pulsiones sexuales, las sublimadas y las de conservación) y la pulsión de muerte (que tiene en el sadismo su representante). Insiste en que la vida es un combate entre ambas tendencias que se enlazan, mezclan y alían entre sí, consiguiendo en el mejor de los casos la derivación hacia el exterior de los impulsos destructores por medio del sistema muscular y del componente sádico de las pulsiones sexuales, y pone como ejemplo de la disociación que puede producirse entre ambas, con la consecuente aparición de la pulsión de muerte, a la neurosis obsesiva. Se propone entonces orientar su estudio hacia las relaciones entre el yo, el Ello y el superyó, por un lado, y las dos clases de pulsiones por el otro, así como a la situación del principio del placer con respecto a todos ellos. Pero antes piensa que todavía no ha demostrado suficientemente la existencia de las dos clases de pulsiones porque quedan por explicar algunos hechos que parecen oponérsele, como el que dicha antítesis quizás pudiera ser sustituida por la polarización del amor y el odio, que bajo diversas condiciones dan la impresión de transformarse fácilmente uno en otro. Estudia primero, pues, qué sucede en ese aspecto tanto en la paranoia como en la homosexualidad, y descubre que el mecanismo al que se deben tales transformaciones consiste en un desplazamiento reactivo de carga psíquica desde el impulso erótico a la energía hostil en la paranoia y en sentido opuesto en la homosexualidad, por lo que no es necesario suponer en ninguno de ambos casos nada inconciliable con la diferencia cualitativa entre las dos clases de pulsiones. La energía desplazable e indiferente que puede agregarse a un impulso erótico o destructor para intensificar su carga, considera que proviene de la libido narcisista, que es Eros desexualizado que trabaja al servicio del principio del placer con el fin primordial de obtener la descarga y sin importarle el camino por el que haya de conseguirlo, como se observa en las transferencias que se producen durante cualquier psicoanálisis o en los actos neuróticos de venganza contra personas inocentes que expuso en uno de sus artículos Otto Rank. Observa entonces que si esta energía desplazable es libido desexualizada, también es libido sublimada, con lo que se puede explicar el trabajo intelectual por sublimación de la energía pulsional erótica, y que eso le conduce nuevamente a la posibilidad que ya indicó de que la sublimación constituya una importante función del yo en su relación con el Eros. Por otra parte, también se le impone una modificación en la teoría del narcisismo, ya que si al principio toda la libido se halla acumulada en el Ello, el cual emplea una parte en cargas eróticas de objeto, y una vez que el yo crece y se fortalece se apodera de esta libido objetal para aparecer ante el Ello como objeto, la conclusión es que este narcisismo del yo es un narcisismo secundario. De todas maneras, siempre nos encontramos que las únicas pulsiones que podemos investigar son las del Eros, y Freud escribe: “Sin las consideraciones desarrolladas en ‘Más allá del principio del placer’ y el descubrimiento de los elementos sádicos del Eros, nos sería difícil mantener nuestra concepción dualista fundamental. Pero se nos impone la impresión de que las pulsiones de muerte son mudas y que todo el fragor de la vida parte principalmente del Eros.”(273) Si es el principio de constancia -en el sentido que le da Fechner- el que rige la vida en un permanente “resbalar hacia la muerte”, son las pulsiones sexuales las que detienen la disminución del nivel al introducir nuevas tensiones. Pero, por otra parte, el Ello se defiende con el principio del placer guiando estas tensiones sexuales hacia su satisfacción y, dado que la expulsión de las materias sexuales en el acto sexual viene a corresponder a la separación del soma y del plasma germinativo, Freud insiste en lo que ya nos decía en "Más allá del principio del placer": en que encuentra una analogía entre la completa satisfacción sexual y la muerte.(274) © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (273) Freud, S.: “El yo y el Ello”, pág. 2720. Ed.
Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973. |
![]() |
![]() |