El dibujo de la jirafa que le hizo el padre con los trazos añadidos por Juanito.

El dibujo de la jirafa (pág. 1369 de las Obras Completas de Freud editadas por Biblioteca Nueva)

El período previo a la fobia

Nos es descrito con una selección de las observaciones que le fue enviando el padre desde que comenzó a anotarlas en 1906, época en que el niño “no había cumplido aún los tres años”, hasta que ya tenía más de cuatro años y medio, y sólo con ellas se podrían haber confirmado la mayor parte de las hipótesis de Freud de las que hablábamos antes. Exponiéndolas de forma muy resumida:

El pequeño muestra un gran interés por saber si todas las personas, animales e incluso cosas tienen también “wiwimacher”, “la cosita de hacer pipí”. En una ocasión le pregunta a la madre si ella también tiene y ésta le responde: “Naturalmente. ¿Por qué me lo preguntas?”. A los tres años y medio, la madre le sorprende tocándosela y le amenaza con hacer venir al doctor para cortársela si lo sigue haciendo, por lo que Freud afirma que ya ha adquirido el complejo de castración. Con esta misma edad tiene una hermanita y demuestra saber ciertas cosas sobre los nacimientos que nadie le ha explicado. Cuando ve el sexo de la hermanita por primera vez, dice que lo tiene muy pequeño y que ya le crecerá. Supera unos meses después los celos hacia su hermana Hanna y le coge mucho cariño. Relata su primer sueño, en el que expresa su deseo de “estar completamente solo” con Maruja, una hija del dueño de la residencia veraniega en Gmunden donde pasan las vacaciones. Recordando a otras niñas de Gmunden, juega a que a él también le ha traído la cigüeña “sus niñas Berta y Olga”. El padre le pinta una jirafa y Juanito le agrega con un breve trazo “la cosita”, pero no queda satisfecho y le agrega otro trazo más largo después. Dice que la leñera es su retrete y entra en ella de vez en cuando para sus juegos autoeróticos. Cuando tiene oportunidad de relacionarse con otros niños les manifiesta igual afecto a los varones que a las hembras. Cuando se mudan de domicilio se enamora de una niña que suele ver en una ventana del edificio contiguo. Viajan otra vez a Gmunden de vacaciones y se muestra muy cariñoso con todos los niños de allí, nuevamente sin hacer diferencias de sexo. Una noche dice que quiere dormir con Maruja y hasta está dispuesto a dejar a su mamá para irse a casa de ella. Parece enamorarse de otra niña que almuerza en el mismo restaurante que su familia y, como en esta ocasión se trata de una “señorita” de su misma clase social, su comportamiento también es distinto: la agresividad que desplegaba con las hijas del casero se troca en “adoración platónica”. Una mañana que la madre le está secando tras el baño, él le pide que le toque “la cosita” y ella le responde que eso es “una marranada”. Tiene su primer sueño de tipo adulto, con el deseo disfrazado por la censura, pero el padre consigue interpretarlo: desea jugar a las prendas con las niñas y que una le ponga a hacer pipí. Finalmente, a los cuatro años y medio, alborota tanto mientras ve a su hermana cuando la están bañando, que le preguntan de qué se ríe y responde: “- De la cosita de Hanna” “- Porque es muy bonita”, lo que lleva al padre a agregar en su carta: “La respuesta no es sincera. La cosita de su hermana le parecía realmente cómica y risible. Es la primera vez que reconoce la diferencia entre los genitales masculinos y femeninos en lugar de negarla.”(77)

Como podemos constatar leyendo las ocho páginas correspondientes del libro(78), que aquí hemos resumido hasta prescindir casi por completo de los comentarios del padre y de Freud, el desarrollo de Juanito hasta ese momento es, al menos aparentemente, de lo más normal, como el de cualquier otra “criatura despierta, alegre y juiciosa” de su misma edad, que decía Freud al principio. Sin embargo, poco después de las últimas observaciones se desencadena la fobia.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(77) Ídem, pág. 1373.
(78) Ídem, ver págs. 1366 a 1373.
 

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