Capítulo VI.

Lo comienza refiriéndose a las resistencias que por aquellas fechas está encontrando el psicoanálisis para introducirse en Francia y a que, en dicho país, fueron los escritores los primeros en interesarse en sus obras, lo que le lleva a congratularse de las diversas aplicaciones que se están hallando para el psicoanálisis en la literatura y el arte, la historia de las religiones, la prehistoria, la mitología, etc., hasta llegar por este camino a sus textos sobre "Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci", de 1910, y "El delirio y los sueños en 'La Gradiva' de W. Jensen", de 1907.

"De aquí no había más que un paso hasta el análisis de la creación poética y artística. (…) Con tal propósito hice a Leonardo da Vinci objeto de un estudio que reposa sobre un único recuerdo infantil comunicado por él en sus anotaciones y tiende esencialmente hacia la explicación de su cuadro 'Santa Ana con la Virgen y el Niño', existente en el Museo del Louvre. Mis amigos y discípulos han emprendido numerosos análisis semejantes de artistas y obras de arte. El placer estético del que gozamos ante una obra de arte no queda disminuido por su comprensión analítica obtenida en esta forma. Mas para aquellos profanos que funden aquí esperanzas excesivas en el psicoanálisis habremos de advertir que hay dos problemas sobre los cuales no arroja luz ninguna y que son precisamente los que más pueden interesarle. El análisis no consigue explicar las dotes del artista ni descubrir los medios con los que el mismo trabaja, o sea, los pertenecientes a la técnica artística.

En una pequeña novela, carente en sí de gran valor, 'La Gradiva', de W. Jensen, pude demostrar que el sueño imaginado literariamente admite igual interpretación que el real, o sea, que en la producción del poeta actúan aquellos mecanismos que hemos descubierto en la elaboración onírica."(320)

Lacan, no obstante, si bien reconoce que el psicoanálisis puede utilizar las obras literarias y artísticas para ilustrar algunos de sus conceptos -cosa que él mismo hace con mucha frecuencia- e incluso dedica la última clase de su Seminario 4, como estudiaremos en su momento, a confrontar el caso del pequeño Hans con Leonardo da Vinci, rechaza tajantemente cualquier “psicoanálisis aplicado” afirmando que éste “sólo se aplica, en sentido propio, como tratamiento y, por lo tanto, a un sujeto que habla y oye”(321). Por lo que defiende, por ejemplo (creo recordar que en “Literaturre”, 1971), que aunque Freud tomase el nombre del complejo de Edipo -es decir, del complejo nuclear de las neurosis- de sus tragedias, eso no implica que éstas nos sirvan para deducir o especular nada sobre Sófocles o su vida.

Prosiguiendo con Freud, inmediatamente a continuación de los párrafos antes citados nos explica que en su investigación sobre "El chiste y su relación con lo inconsciente", de 1905, encontró los mismos mecanismos que en la elaboración de los sueños -la condensación, el desplazamiento, etc.- y que el placer que provoca, su impresión chistosa, se debe a la supresión momentánea del esfuerzo de represión que permite al oyente. Pero que concede mayor valor a sus investigaciones sobre la religión que inició en 1907, con "Los actos obsesivos y las prácticas religiosas", y continuó con sus cuatro ensayos de "Tótem y tabú", de 1912-1913. Y aquí es donde se localiza la única referencia que realiza en su "Autobiografía" a las fobias cuando vuelve a insistir, como ya vimos en el apartado correspondiente, en que fueron "dos" los hechos psicoanalíticos en los que se apoyó para equiparar el animal totémico con el padre: las zoofobias infantiles y la observación de Ferenczi del pequeño Arpad.

"La fuente literaria principal de estos trabajos está constituida por las conocidas obras de J. G. Frazer ('Totemism and Exogamy' y 'The Golden Bough'), que constituyen una mina de valiosísimos hechos y puntos de vista. (…) Mi punto de partida fue la singular coincidencia de los dos principios tabú del totemismo, el de no matar al tótem y el de evitar todo contacto sexual con las mujeres del mismo clan totémico, con los dos contenidos del complejo de Edipo, la supresión del padre y la unión sexual con la madre. De este modo fui llevado a equiparar al animal totémico con el padre, tal y como hacían expresamente los primitivos, adorándolo como antepasados del clan. Dos hechos psicoanalíticos vinieron en mi auxilio: una afortunada observación de Ferenczi con un sujeto infantil, observación que permitió hablar de un retorno infantil del totemismo, y el análisis de las tempranas zoofobias de los niños, en los cuales comprobamos que el animal objeto de la fobia era una sustitución del padre, siendo desplazado sobre él el miedo al primero, basado en el complejo de Edipo. De aquí no había más que un paso hasta el reconocimiento del asesinato del padre como nódulo del totemismo y punto de partida de la formación de las religiones."(322)

Lo que nos demuestra una vez más que quienes diagnostican al pequeño Arpad de "fobia a los gallos", como si se tratase de un caso de zoofobia infantil, no sólo no se han molestado en consultar el artículo de Ferenczi sino que ni siquiera se han leído bien a Freud.

Respecto a "Tótem y tabú", Lacan nos dice que aquí Freud construye un nuevo mito, el mito del padre de la horda primitiva, que considera "quizás el único mito del que haya sido capaz la época moderna"(323) y que resulta más adecuado para explicar la neurosis obsesiva que el de Edipo, porque éste lo que describe mejor es lo que observamos en la clínica de los casos de histeria.

"El padre de la horda primitiva habría monopolizado despóticamente a todas las mujeres, expulsando o matando a sus hijos, peligrosos como rivales. Pero un día se reunieron estos hijos, asesinaron al padre, que había sido su enemigo, pero también su ideal, y comiéronse el cadáver. Después de este hecho no pudieron, sin embargo, apoderarse de su herencia, pero surgió entre ellos la rivalidad. Bajo la influencia de este fracaso y del remordimiento, aprendieron a soportarse unos a otros, uniéndose en un clan fraternal, regido por los principios del totemismo, que tendían a excluir la repetición del crimen, y renunciaron todos a la posesión de las mujeres, motivo del asesinato del padre. De este modo surgió la exogamia, íntimamente enlazada con el totemismo."(324)

Por lo que Lacan destaca que si en el mito de Edipo el incesto aparece como prohibido pero no imposible, ya que el protagonista de esta tragedia, aunque ignorando lo que hace, llega a casarse con su madre tras matar al padre (y así el histérico persiste en la ilusión neurótica de que transgrediendo la Ley podría acceder al goce), en el mito del padre de la horda su asesinato origina en los hijos la ambivalencia del complejo paterno característica del obsesivo y nódulo de toda religión, a la vez que muestra que el goce es imposible, que el padre muerto refuerza la Ley.

Del resto de este capítulo de la "Autobiografía" de Freud sólo nos queda por resaltar que, tras referirse muy brevemente a que continuó desarrollando algunas de las ideas de "Tótem y tabú" también en "El yo y el Ello" y en "Psicología de las masas y análisis del yo", vuelve de nuevo sobre sus consideraciones acerca de otras aplicaciones del psicoanálisis y, a propósito concretamente de algunos pedagogos que ya se habían iniciado en su estudio y praxis, escribe:

"De la aplicación del análisis a la educación de los niños sanos y a la corrección de los no neuróticos, pero desviados en su desarrollo, ha resultado una consecuencia muy importante desde el punto de vista práctico. No es ya posible, en efecto, limitar a los médicos el ejercicio del psicoanálisis y excluir de él a los profanos.

En realidad, el médico que no ha hecho un estudio especial es también, a pesar de su título, un profano por lo que respecta al psicoanálisis, y el individuo ajeno a la Medicina puede llevar perfectamente a cabo, mediante una preparación analítica y auxiliado en algún caso por un médico, el tratamiento analítico de las neurosis."(325)

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(320) Ídem, págs. 2794 y 2795.
(321) Lacan, J.: “Juventud de Gide o la letra y el deseo”, pág. 727. En “Escritos 2”. Ed. Siglo XXI. Madrid, 1985.
(322) Freud, S.: “Autobiografía”, págs. 2795 y 2796. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(323) Lacan, J.: “El Seminario 7: La Ética del Psicoanálisis”, pág. 214. Ed. Paidós. Buenos Aires, 1988.
(324) Freud, S.: “Autobiografía”, pág. 2796. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(325) Ídem, pág. 2797.
 

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