Capítulo V."Durante más de diez años, contados a partir de mi separación de Breuer, no tuve ni un solo partidario, hallándome totalmente aislado. En Viena se me evitaba y en el extranjero no tenían noticia alguna de mí. Mi 'Interpretación de los sueños', publicada en 1900, apenas fue mencionada en las revistas técnicas. En mi ensayo sobre la 'Historia del movimiento psicoanalítico' he incluido como ejemplo de la actitud de los círculos psiquiátricos de Viena una conversación que tuve con un médico, autor de un libro contra mis teorías, que me confesó no haber leído mi 'Interpretación de los sueños'. Le habían dicho en la clínica que no merecía la pena. Este individuo que ha llegado después al puesto de profesor extraordinario, se ha permitido negar el contenido de aquella conversación y, en general, la fidelidad de mi recuerdo de ella. Por mi parte, he de mantener aquí una vez más la exactitud de su reproducción."(312) Tras exponernos así el aislamiento en que hubo de trabajar durante el período de 1895-1896 a 1905-1906 (soportando opositores de tal calaña como el "profesor extraordinario" que menciona, que ni siquiera se molestaban en leer sus obras antes de criticarlas), Freud dedica el resto de la primera parte de este capítulo a relatarnos cómo a continuación el psicoanálisis fue ganando adeptos, se fundó la Asociación Internacional de Psicoanálisis en el Congreso de Nuremberg en 1910, se produjeron las escisiones de Adler y Jung, etc., junto con algunas anécdotas personales (como el apoyo que significó para su autoestima su corta estancia en los EE.UU., donde por fin "me vi acogido como un igual por aquellos a los que yo consideraba y respetaba más"(313)), todo lo cual podemos leer mejor en su "Historia del movimiento psicoanalítico" y en las biografías que citamos anteriormente en la Introducción. Pero en la segunda parte del capítulo resume los que considera como los principales descubrimientos durante este siguiente período -superado su propio aislamiento inicial- en que el psicoanálisis comenzó su expansión y, más concretamente, aquellos en los que piensa que le ha correspondido una amplia participación: "los referentes a la teoría de las pulsiones y a la aplicación de nuestra disciplina a las psicosis". Resumen del que destacaremos, en primer lugar, que lo empieza subrayando que la experiencia clínica ya ha demostrado que… "(…) el complejo de Edipo constituye el 'nódulo de la neurosis', siendo el punto culminante de la vida sexual infantil y el foco del que parten todos los desarrollos ulteriores. Esta circunstancia dio fin a la esperanza de hallar por medio del análisis un factor específico de la neurosis, y hubimos de reconocer que las neurosis no poseen ningún contenido especial exclusivamente peculiar a ellas, y que los neuróticos sucumben bajo el peso de circunstancias que los normales logran dominar felizmente."(314) Durante este segundo período del psicoanálisis se terminó, pues, la búsqueda que tan laboriosamente llevaba a cabo en sus primeros textos (véase en los primeros apartados de nuestra investigación) de un "factor específico" de las neurosis. La diferencia entre los "neuróticos" y los "normales" no se encontraba en ningún factor cualitativo, sino que era puramente cuantitativa y estaba relacionada con el complejo de Edipo que, tanto unos como otros, hubieron de atravesar en su infancia. Afirmación que Lacan siempre compartirá. A propósito del complejo de Edipo, se refiere seguidamente al conflicto que le supuso la "Introducción del narcisismo" al encontrarse con que el yo constituye el primer objeto de la libido y es desde él que emanan, después, las cargas de libido hacia las representaciones de los progenitores (recuérdese su ejemplo de la ameba en aquel texto de 1914), ya que si antes podía explicar la represión por la oposición entre las pulsiones de conservación o del yo frente a las pulsiones sexuales, al "reconocer las pulsiones de conservación como de naturaleza libidinosa" tuvo que recurrir (entre 1914 y 1920) a la oposición entre libido narcisista y libido objetal, cuando a él no le satisfacía la hipótesis de una única especie de pulsiones. Lo cual -nos dice- le condujo en 1920 a la publicación de "Más allá del principio del placer", donde reunió todo lo que antes denominaba como pulsiones de conservación, pulsiones del yo y pulsiones sexuales, cuya energía seguía siendo la libido, bajo el concepto de Eros o pulsiones de vida, pero poniéndolas ahora en oposición a la pulsión de muerte o de destrucción, que "labora en silencio" y que se le había hecho manifiesta en los "fenómenos de la repetición obsesiva". Por su parte, Lacan aunque sostendrá el dualismo freudiano frente al monismo de Jung, como estudiaremos mejor al llegar a su obra irá divergiendo progresivamente de esta teoría de las pulsiones para, casi abandonando el uso del término de libido, reconceptualizar la energía sexual como "goce" y considerar la pulsión de muerte como un aspecto de todas las pulsiones parciales. Prosiguiendo con los reproches que le hicieron tras la publicación de "Más allá del principio del placer" acerca de que el psicoanálisis no podía ser una ciencia por utilizar conceptos "tan poco precisos" como los de libido o pulsión, y más aún el de una pulsión de muerte, Freud se embarca en una fuerte defensa de que su disciplina se ha convertido ya en una más entre las "ciencias naturales". A este respecto hay que recordar el "positivismo científico" de la época en que se desarrolló su formación universitaria, en la que la Biología o la Física constituían los modelos de la ciencia en oposición a la religión, las creencias, las supersticiones y, en definitiva, la charlatanería. Pero Freud razona muy bien sus posiciones y merece que se reproduzcan aquí algunos de sus argumentos: "Los conceptos fundamentales claros y las definiciones precisamente delimitadas no son posibles en las disciplinas científicas, sino cuando las mismas intentan integrar un conjunto de hechos dentro del cuadro de una construcción sistemática intelectual. (…) La Zoología y la Botánica no han comenzado con definiciones correctas y suficientes del animal y de la planta, y la Biología no ha establecido aún un concepto fijo de lo animado. La Física hubiera sacrificado todo su desarrollo si hubiese tenido que esperar, para emprenderlo, a dar claridad y precisión a los conceptos de materia, fuerza y gravitación. Las representaciones básicas o conceptos superiores de las ciencias naturales aparecen siempre al principio muy imprecisos, quedando determinados interinamente por la mera indicación del campo de fenómenos a que pertenecen, y sólo el progresivo análisis ulterior del material de observación llega a darles la precisión deseada."(315) En relación a su referencia a la Física, tampoco viene mal recordar que Einstein, uno de los físicos más eminentes del siglo XX y sin duda alguna el más célebre tras la publicación de su "Teoría de la relatividad", investigó después hasta el fin de sus días una "Teoría de todo" que unificase su nuevo concepto de la gravedad con las ecuaciones sobre el electromagnetismo de Maxwell, en una dirección que muchos de sus colegas ya desde los años treinta descalificaban como científica; o la polémica que, en estos comienzos del siglo XXI, existe entre los físicos acerca de si ciertas teorías, como la "Teoría de cuerdas", que pretenden explicar conjuntamente la relatividad general y las leyes de la mecánica cuántica son o no científicas. De las ideas de Lacan sobre este tema, que podrían ser objeto de un trabajo aparte, tan sólo adelantaremos por el momento tres datos: 1. Que en sus primeros escritos, como “Más allá del principio de realidad”(316), defendió igualmente que el psicoanálisis era una ciencia, y durante toda su vida se opuso a que se la pudiera equiparar a una religión o una creencia más. 2. Que desde su Seminario 3, prefirió alinear el psicoanálisis del lado de las ciencias conjeturales o de la subjetividad, junto con la lingüística, frente a las ciencias exactas. Y 3. Que en “La ciencia y la verdad”, aparte de insistir en que la praxis del psicoanálisis no implica otro sujeto que el de la ciencia(317), vino a reconocer que nuestra disciplina no se atiene a los criterios exigidos por las ciencias positivistas, pero también acusó a éstas de pretender monopolizar la verdad cuando en realidad no quieren saber nada de la verdad como causa.(318) Continuando con Freud, tras una rápida mención de los trabajos en los que buscó alcanzar puntos de vista generales ("Los dos principios del funcionamiento mental", de 1911, sus ensayos de Metapsicología de 1915 a 1917 -"Las pulsiones y sus destinos", "La represión", "Lo inconsciente" y "Duelo y melancolía"- y "El yo y el Ello", de 1923), insiste en que nunca abandonó la observación en la clínica para entregarse por completo a la actividad especulativa y que siempre ha evitado aproximarse a la Filosofía propiamente dicha. Que, incluso reconociendo "amplias coincidencias" en las obras de Schopenhauer y Nietzsche con los descubrimientos del psicoanálisis, al único pensador al que admite que debe "interesantísimas sugestiones" es G. Th. Fechner, por cuyas ideas siempre se ha sentido atraído. Y, finalizando este capítulo, llega así al segundo tema más arriba prometido: la aplicación del psicoanálisis a las psicosis hasta la fecha, donde ya observamos algunos avances en relación a sus afirmaciones al respecto en "Introducción del narcisismo" puesto que ahora escribe: "La transferencia no queda excluida, a veces, tan por completo, que no pueda utilizarse durante algún tiempo. En las depresiones cíclicas, en las modificaciones paranoicas leves y en la esquizofrenia hemos conseguido resultados indudables mediante el análisis. (…) Ya en 1896 descubrí en un caso de demencia paranoica [véase el apartado C de "Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa"] los mismos factores etiológicos que en las neurosis y la existencia de tales complejos afectivos. Jung ha explicado enigmáticas estereotipias de sujetos dementes refiriéndolas a sucesos de su vida, y Bleuler ha descubierto en diversas psicosis mecanismos análogos a los que el análisis ha revelado en los neuróticos. Desde entonces no han cesado los esfuerzos de los analistas por llegar a una comprensión de las psicosis. Sobre todo desde que trabajamos con el concepto del narcisismo, se nos va haciendo posible iniciar ciertos descubrimientos. Abraham es el que más ha avanzado por este camino con su explicación de las melancolías. En este dominio no queda aún transformado el conocimiento en poder terapéutico; pero también las simples conquistas técnicas son importantes, y esperamos que hallarán algún día su aplicación práctica."(319) Sobre las psicosis en la obra de Lacan, tan sólo adelantaremos por el momento que constituyeron el primer objeto de su investigación, porque ya las exploró en su tesis doctoral (sobre el “caso Aimée”); que les dedicó íntegramente uno de sus primeros seminarios, el Seminario 3; que las agrupaba en una de las tres grandes "estructuras freudianas" (en las otras dos reunía las "perversiones" y las "neurosis"); y que, en lo relativo a la técnica, aunque se manifestaba de acuerdo con Freud en que no es útil -sino hasta perjudicial- la misma que se aplica a las neurosis y las perversiones, sí las consideraba accesibles a una cura analítica (de hecho él mismo trabajó con muchos pacientes psicóticos) y para continuar investigando al respecto nos legó uno de sus más interesantes escritos: "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis". © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (312) Ídem, pág. 2785. |
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