Capítulo IV.Vuelve Freud a finales del siglo XIX y principios del XX para hablarnos de otros dos temas: las modificaciones que tras renunciar a la utilización de la hipnosis le llevaron a la invención de su técnica psicoanalítica, y los procesos consecuentes, muy afines, que le posibilitaron la redacción de sus obras "La interpretación de los sueños" y "Psicopatología de la vida cotidiana". (A partir de las cuales y de "El chiste y su relación con lo inconsciente", de 1905, ya comentamos en nuestro apartado sobre "La interpretación de los sueños" que desarrolla Lacan sus clases sobre "Las formaciones del inconsciente" en el Seminario 5). Tras el abandono de la hipnosis y de la técnica de Bernheim de aplicar la mano sobre la frente del enfermo para incitarle a que recordase los sucesos olvidados relacionados con el origen de sus síntomas, Freud inventa la "técnica de la asociación libre" y solicita a sus pacientes simplemente que observen la "regla fundamental", lo que le permitirá trabajar los conceptos de "resistencia" y "transferencia". "En lugar de llevar al paciente a manifestar algo relacionado con un tema determinado, le invitamos ahora a abandonarse a la asociación libre, esto es, a manifestar todo aquello que acuda a su pensamiento, absteniéndose de toda represión final consciente. Ahora bien: el paciente tiene que obligarse a comunicar realmente todo lo que su autopercepción le ofrezca, sin ceder a las objeciones críticas que tienden a rechazar algunas de sus ocurrencias por carecer de importancia, de conexión con el tema tratado o de todo sentido. Esta absoluta sinceridad del paciente es condición indispensable de la cura analítica. Puede parecer extraño que este procedimiento de la asociación libre, con observancia de la 'regla fundamental psicoanalítica', diera el rendimiento que de él se esperaba, llevando a la conciencia los elementos reprimidos mantenidos lejos de ella por las resistencias. Pero hemos de tener en cuenta que la asociación libre no entraña realmente una completa libertad. El paciente permanece bajo la influencia de la situación analítica, aun cuando no dirija su actividad mental hacia un tema determinado. Tenemos derecho a suponer que no se le ocurrirá nada que no se halle relacionado con dicha situación. (…) El método de la asociación libre presenta grandes ventajas con respecto al anterior, aparte de resultar menos penoso. Impone, en efecto, al analizado una violencia mínima, no pierde jamás el contacto con la realidad presente y ofrece amplias garantías de que en ningún momento puede perder el médico de vista la estructura de la neurosis o integrar en ella algo que no le pertenece. En él se abandona casi por completo al paciente la función de determinar la marcha del análisis y la ordenación de la materia (…). Otra de las ventajas del método es que, en realidad, no puede fallar nunca. Teóricamente tiene que ser siempre posible al enfermo producir una ocurrencia, dado que no se fija ni limita en absoluto la naturaleza de la misma."(305) Observó entonces que la resistencia se podía presentar en dos formas: primero, en las dificultades del paciente para atenerse a la regla fundamental y, después, en las desviaciones de sus ocurrencias en relación a lo reprimido que se trataba de hacer consciente, desviaciones que eran tanto mayores cuanto más reprimido se encontrase el elemento buscado. Ahora bien, dado que en cualquier caso dichas ocurrencias, el material que surgía a la conciencia siempre había de hacer alguna alusión a lo reprimido… "El analista que escucha recogidamente, pero sin esforzarse, al enfermo puede entonces utilizar en dos formas distintas el material que el mismo le proporciona. Puede, en efecto, conseguir, dada una resistencia no demasiado intensa, adivinar por las ocurrencias del enfermo los elementos reprimidos, y puede también, cuando se trata de una resistencia más enérgica, deducir de las ocurrencias, que parecen alejarse del tema, la naturaleza de dicha resistencia misma, naturaleza que descubrirá entonces al paciente. Este descubrimiento de la resistencia es el primer paso para su vencimiento."(306) Pero reconoce que hay determinados momentos en los que al paciente no se le ocurre nada y es entonces que introduce su explicación sobre la transferencia, la cual considera que puede llegar a constituir la resistencia más intensa: "En todo tratamiento analítico se establece sin intervención alguna del médico una intensa relación sentimental del paciente con la persona del analista, inexplicable por ninguna circunstancia real. Esta relación puede ser positiva o negativa y varía desde el enamoramiento más apasionado y sensual hasta la rebelión y el odio más extremo. Tal fenómeno, al que abreviadamente damos el nombre de 'transferencia', sustituye pronto en el paciente el deseo de curación e integra, mientras se limita a ser cariñoso y mesurado, toda la influencia médica, constituyendo el verdadero motor de la labor analítica. Más tarde, cuando se hace apasionado o se transforma en hostilidad, llega a constituir el instrumento principal de la resistencia, y entonces cesan, en absoluto, las ocurrencias del enfermo, poniendo en peligro el resultado del tratamiento. Pero sería insensato querer eludir este fenómeno. Sin la transferencia no hay análisis posible. No debe creerse que el análisis crea la transferencia y que ésta sólo aparezca en él. Por el contrario, el análisis se limita a revelar la transferencia y a aislarla. Trátase de un fenómeno generalmente humano que decide el éxito de toda influencia médica, y domina, en general, las relaciones de una persona con las que le rodean. Fácilmente se descubre en él el mismo factor dinámico al que los hipnotizadores han dado el nombre de 'sugestibilidad' (…)."(307) Freud confiesa que en ese sentido él no ha dejado de trabajar por medio de la sugestión, puesto que la utiliza para motivar al paciente a vencer sus resistencias, pero considera que su método se diferencia radicalmente de los anteriores porque, por ello mismo, cuando la transferencia llega a convertirse en resistencia también es interpretada al paciente señalándole que está viviendo de nuevo relaciones sentimentales procedentes de su infancia, con lo que piensa que así "queda suprimida" y la cura analítica puede continuar tranquilamente su curso. Pero, ¿hasta dónde?. A Freud en concreto esta concepción (aquí tan resumida pero de manera muy fiel a su pensamiento) de la técnica psicoanalítica, de las resistencias y de la transferencia, le conducirá en 1937 a su "Análisis terminable e interminable". Las aportaciones que realizará Lacan al respecto desde sus primeros seminarios (recordemos simplemente que su Seminario 1 ya lo dedica a "Los escritos técnicos de Freud" y el Seminario 2 a "El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica") son tantas, que sobrepasaría ampliamente los límites de una investigación como la nuestra, centrada en otro tema, el intentar ahora siquiera enumerarlas. Bástenos pues recordar de momento, a modo de ejemplo, su innovación de las sesiones escandidas(308) (que fue esgrimida como una de las principales razones para expulsarle de la Asociación Internacional de Psicoanálisis), su insistencia en "La dirección de la cura" de que lo que diferencia al psicoanálisis de la sugestión es que el psicoanalista debe negarse a hacer uso del poder que la transferencia le otorga, y su afirmación en el Seminario 11 de que no hay otra resistencia al análisis que la del propio psicoanalista; siempre buscando y defendiendo a lo largo de toda su obra (a través de teorizaciones como el atravesamiento del fantasma en el Seminario 11 y la identificación con el "sinthome" en sus últimos años) un final de análisis posible, un final lógico muy distinto a los propuestos por los posfreudianos que, por ejemplo, pretenden dejar atrapados a sus pacientes en una identificación ideal con el analista. Pero sigamos por donde íbamos. Freud continúa relatándonos que las modificaciones en su técnica le permitieron trabajar con los sueños (considerados en la antigüedad clásica como profecías y de los que la ciencia moderna nada quería saber) y buscar su sentido, de la misma manera que lo había empezado a hacer con el resto del material producido por sus pacientes buscando el sentido de sus síntomas neuróticos. "Las numerosas ocurrencias del sujeto del sueño nos llevaron, en efecto, al conocimiento de un producto mental que no podía ya ser calificado de absurdo ni de confuso, un producto que equivalía a un rendimiento psíquico completo y del cual no constituía el sueño manifiesto sino una traducción deformada, abreviada y mal interpretada, compuesta generalmente de imágenes visuales. Estas 'ideas latentes' del sueño contenían el sentido mismo, no siendo el 'contenido manifiesto' del sueño sino un engaño, una fachada, que podía ser enlazada con la asociación, pero no con la interpretación."(309) Lo que le llevó a la publicación en 1900 de "La interpretación de los sueños", obra en la que desarrolla cómo el deseo reprimido que busca su satisfacción y amenaza al durmiente con el despertar da lugar al proceso de la elaboración onírica por el cual, mediante los mecanismos del desplazamiento y la condensación y aprovechando los restos diurnos, las ideas latentes son transformadas en el contenido manifiesto para poder atravesar la censura. De ahí su primera definición del sueño como "la realización (disfrazada) de un deseo (reprimido)", es decir, una formación transaccional, al igual que el síntoma, entre una tendencia pulsional reprimida y la censura del yo. Después prosigue con los sueños de angustia, el empleo del simbolismo en los sueños, los sueños de los niños pequeños,… y la única -pero importante- novedad que encontramos en este texto sobre el tema, que es una nota a pie de página de 1935 en la que escribe: "Al considerar los frecuentes fracasos de la función onírica debe caracterizarse a los sueños con propiedad como un 'intento' de realización de deseos. La antigua definición de Aristóteles aún parece buena: 'el sueño es la vida mental en el dormir'. Había una razón para elegir como título para mi libro 'La interpretación de los sueños' y no 'El sueño'."(310) Para finalizar el capítulo se refiere también a su "Psicopatología de la vida cotidiana", de 1900-1904, en la que demuestra que los actos fallidos son susceptibles de la misma búsqueda de sentido que los sueños y los síntomas, porque tienen el mismo origen en algún deseo reprimido y su elaboración obedece igualmente a los mecanismos del desplazamiento y la condensación, y termina señalando: "Pero el valor principal de la interpretación onírica y de este estudio de los actos fallidos y sintomáticos no consiste en el apoyo que prestan a la labor analítica sino en otra de sus cualidades. (…) Si el sueño se halla construido como un síntoma, y si su explicación exige las mismas hipótesis, o sea, las referentes a la represión de impulsos pulsionales, a la formación de sustituciones y transacciones y a la diferenciación de los sistemas psíquicos para la localización de lo consciente y lo inconsciente, resultará que el psicoanálisis no es ya una ciencia auxiliar de la Psicopatología, sino el principio de una psicología nueva y más fundamental, indispensable también para la comprensión de lo normal."(311) © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (305) Freud, S.: “Autobiografía”, págs. 2780 y 2781. Ed.
Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973. |
![]() |
![]() |