Capítulo II.Nos detendremos en el tema de la hipnosis tal y como nos lo relata Freud en este capítulo puesto que, curiosamente, está volviendo a ponerse ahora de moda en España su práctica por los psicoterapeutas. Gracias a su amistad con el doctor Josef Breuer, catorce años mayor que él, nos cuenta Freud que desde un principio había aprendido a usar el hipnotismo de forma más innovadora que como era practicado por Charcot o Bernheim. "Lo utilicé, en efecto, para hacer que el enfermo me revelase la historia de la génesis de sus síntomas, sobre la cual no podía muchas veces proporcionarme dato alguno hallándose en estado normal. Este procedimiento, a más de entrañar una mayor eficacia que los simples mandatos y prohibiciones de la sugestión, satisfacía la curiosidad científica del médico, el cual poseía un indiscutible derecho a averiguar algo del origen del fenómeno, cuya desaparición intentaba lograr por medio del monótono procedimiento de la sugestión."(289) Antes de que viajase a París, Breuer ya le había puesto al corriente del historial clínico de una enferma (Anna O.) tratada con ese método por él desde 1880 a 1882, caso que Freud incluso comentó con Charcot pero por el cual éste no mostró interés. Y después de regresar a Viena… "(…) hice que Breuer me comunicase más detalladamente sus observaciones. La paciente era una muchacha de ilustración y aptitudes nada comunes, cuya dolencia había comenzado a manifestarse en ocasión de hallarse dedicada al cuidado de su padre, gravemente enfermo. Cuando acudió a la consulta de Breuer, ofrecía un variado cuadro sintomático: parálisis, con contracciones, inhibiciones y estado de perturbación psíquica. Una observación casual reveló al médico que la paciente podía ser libertada de tales perturbaciones de la conciencia cuando se le hacía dar una expresión verbal a la fantasía afectiva que de momento la dominaba. De este descubrimiento dedujo Breuer un método terapéutico. Sumiendo a la sujeto en un profundo sueño hipnótico, la hacía relatar lo que en aquellos instantes oprimía su ánimo. Dominados así los accesos de perturbación depresiva, empleó el mismo procedimiento para provocar la desaparición de las inhibiciones y de los trastornos somáticos. Durante el estado de vigilia, la paciente era tan incapaz como otros enfermos de indicar la génesis de sus síntomas y no encontraba conexión alguna entre ellos y algunas impresiones de su vida. Pero en la hipnosis hallaba inmediatamente el enlace buscado. Resultó así que todos sus síntomas se hallaban relacionados con intensas impresiones, recibidas durante el tiempo que pasó cuidando a su padre, enfermo, y que, por tanto, poseían un sentido, correspondiendo a restos o reminiscencias de tales situaciones afectivas. Generalmente resultaba que en ocasión de hallarse junto al lecho de su padre había tenido que reprimir un pensamiento o un impulso, en cuyo lugar y representación había luego aparecido el síntoma. Mas, por lo regular, cada síntoma no constituía el residuo de una sola escena 'traumática', sino el resultado de la adición de numerosas situaciones análogas. Cuando luego en la hipnosis recordaba la sujeto alucinatoriamente una tal situación y realizaba 'a posteriori' el acto psíquico antes reprimido, dando libre curso al afecto correspondiente, desaparecía definitivamente el síntoma. Por medio de este procedimiento consiguió Breuer, después de una larga y penosa labor, libertar a la enferma de todos sus síntomas. La sujeto quedó así curada, y no volvió a experimentar perturbación alguna de orden histérico, habiéndose demostrado luego capaz de importantes rendimientos intelectuales. Pero el desenlace del tratamiento quedaba envuelto para mí en una cierta oscuridad, que Breuer no quiso nunca disipar."(290) Freud, además de dedicarse a continuar las investigaciones de Breuer repitiendo con sus pacientes el mismo método, le animó a elaborar y publicar conjuntamente un libro al respecto, el que apareció en 1895 con el título de "Estudios sobre la histeria". "El contenido de este libro es, en su parte esencial, de Breuer, circunstancia que siempre he declarado honradamente y que hago constar aquí una vez más. En la teoría que en él se intenta elaborar trabajé en una medida cuya determinación no es ya hoy posible. (…) Breuer dio a nuestro método el calificativo de 'catártico', y declaró que su fin terapéutico era el de hacer que el montante de afecto usado para mantener el síntoma, y que por haber emprendido un camino falso se hallaba estancado en vías erradas, fuese llevado a la descarga o 'abreacción' por vías normales. Este método catártico alcanzó excelentes resultados. Los defectos que más tarde demostró entrañar son los inherentes a todo tratamiento hipnótico."(291) Nos habla después Freud de cómo pasó desde el método catártico a la técnica de la asociación libre y, con ella, al psicoanálisis. Primero por su separación de Breuer, que nos relata desde sus primeros desacuerdos con éste, quien prefería una "teoría fisiológica" basada en los "estados hipnoides" mientras él desarrollaba su concepto de "neurosis de defensa", hasta la tajante oposición de Breuer a aceptar su descubrimiento de que "detrás de las manifestaciones de la neurosis no actuaban excitaciones afectivas de naturaleza indistinta, sino precisamente de naturaleza sexual, siendo siempre conflictos sexuales actuales o repercusiones de sucesos sexuales pasados", que fue lo que motivó definitivamente la ruptura de la colaboración entre ambos. Oposición de Breuer que, más adelante, pudo comprender que se debía a las dificultades que había experimentado durante el tratamiento de su paciente antes mencionada por el amor transferencial que ella acabó mostrándole: "(…) no acertando Breuer a relacionar dicho estado con la enfermedad, hubo de cortar, lleno de confusión, su trato con la sujeto, resultándole desde aquel momento muy penoso todo lo que le recordaba este incidente, al que consideraba como una infortunada casualidad. Su conducta para conmigo osciló repentinamente entre el reconocimiento de mis afirmaciones y su más acerba crítica. Luego surgieron, como siempre en estas situaciones, circunstancias fortuitas que acabaron provocando nuestra separación.”(292) Y segundo, porque la continuación de sus investigaciones le llevó a concluir que el uso de la hipnosis adolecía de dos graves insuficiencias: "En primer lugar, los resultados terapéuticos obtenidos desaparecían ante la menor perturbación de la relación personal entre médico y enfermo. Volvían ciertamente a aparecer una vez conseguida la reconciliación; pero se demostraba así que la relación personal afectiva -factor imposible de dominar- era más poderosa que la labor catártica. Además, llegó un día en el que me fue dado comprobar algo que sospechaba ya desde mucho tiempo atrás. Una de mis pacientes más dóciles, con la cual había obtenido por medio del hipnotismo los más favorables resultados, me sorprendió, un día que había logrado libertarla de un doloroso acceso refiriéndolo a su causa inicial, echándome los brazos al cuello al despertar del sueño hipnótico. Una criada que llamó a la puerta en aquellos momentos nos evitó una penosa explicación; pero desde tal día renunciamos, por un acuerdo tácito, a la continuación del tratamiento hipnótico. Suficientemente modesto para no atribuir aquel incidente a mis atractivos personales, supuse haber descubierto con él la naturaleza del elemento místico que actuaba detrás del hipnotismo. Para suprimirlo o, por lo menos, aislarlo tenía que abandonar el procedimiento hipnótico."(293) Recordando entonces que durante su visita a Bernheim éste le había demostrado que en estado de vigilia los enfermos también eran capaces de hacer conscientes sucesos olvidados, simplemente colocándoles la mano sobre la frente e insistiéndoles en ello, es decir, por mera sugestión y sin necesidad de recurrir al sueño hipnótico, se decidió primero a utilizar esta misma técnica y, poco después, prescindió incluso de la fórmula de la colocación de la mano sobre la frente. "Este procedimiento habría de ser más trabajoso que el hipnótico, pero también más instructivo. Abandoné, pues, el hipnotismo y sólo conservé de él la colocación del paciente en decúbito supino sobre un lecho de reposo, situándome yo detrás de él de manera que pudiera verle sin ser visto."(294) En este mismo capítulo, entre una cosa y otra, nos explica también Freud cómo pasó de trabajar sólo con pacientes histéricas… "(…) a investigar la vida sexual de los enfermos llamados neurasténicos, que acudían en gran número a mi consulta. Este experimento me costó gran parte de mi clientela (…) Era, desde luego, necesario vencer la infinita hipocresía con la que se encubre todo lo referente a la sexualidad; (…) pero posteriores observaciones, más penetrantes, me hicieron descubrir en la abigarrada colección de cuadros patológicos, reunida bajo el concepto de neurastenia, dos tipos fundamentalmente diferentes que podían surgir mezclados en muy variadas proporciones, pero que también se ofrecían aislados a la observación. En uno de estos tipos era el ataque de angustia el fenómeno central, con sus equivalentes formas rudimentarias y síntomas sustitutivos crónicos, por todo lo cual le di el nombre de neurosis de angustia, limitando al otro tipo la denominación de neurastenia. Una vez hecho esto, fue fácil determinar que a cada uno de estos tipos correspondía una distinta anormalidad de la vida sexual como factor etiológico (coitus interruptus, excitación frustrada y abstinencia sexual en un caso, y masturbación excesiva y poluciones frecuentes en el otro). (…) De este modo llegué a considerar las neurosis, en general, como perturbaciones de la función sexual, siendo las llamadas neurosis actuales una expresión tóxica directa de dichas perturbaciones, y las psiconeurosis, una expresión psíquica de las mismas."(295) Así nos viene a resumir Freud en 1924 lo referente a la elaboración de su primera nosología (que estudiamos en los primeros apartados de nuestra investigación sobre las fobias), pero más nos interesa su conclusión al respecto por estas fechas: "Posteriormente no he tenido ocasión de volver sobre las investigaciones de las neurosis actuales. No ha habido tampoco nadie que haya continuado esta parte de mi labor. Volviendo hoy la vista a los resultados entonces obtenidos, reconozco en ello una primera y burda esquematización de un estado de cosas probablemente mucho más complicado; pero continúo considerándolos exactos. Me hubiera complacido someter al análisis psicoanalítico en épocas posteriores del desarrollo de nuestra disciplina otros casos de neurastenia pura, juvenil; pero, como ya indiqué antes, no he tenido ocasión para ello. Para evitar equivocadas interpretaciones haré constar que estoy muy lejos de negar la existencia del conflicto psíquico y de los complejos neuróticos en la neurastenia. Me limito a afirmar que los síntomas de estos enfermos no se hallan determinados psíquicamente ni son susceptibles de supresión por medio del análisis, debiendo ser considerados como consecuencias tóxicas directas de la perturbación del quimismo sexual."(296) De modo que, aunque todavía trata de mostrarse en líneas generales de acuerdo con su primera teoría de la angustia, tras los desarrollos realizados en "Más allá del principio del placer" y "El yo y el Ello" ya comienzan a surgirle algunas dudas, como se pone de manifiesto en esa dura calificación que llega a hacer sobre aquellos "resultados entonces obtenidos": "una primera y burda esquematización de un estado de cosas probablemente mucho más complicado". © ANTONIO SALVATIERRA CITAS: (289) Ídem, págs. 2767 y 2768. |
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