Capítulo I.

Lo dedica a relatarnos su infancia, adolescencia y juventud hasta 1891, es decir, hasta la publicación (aún como neurólogo pero ya demostrando claramente su interés por la búsqueda de causas psíquicas) de su artículo "Sobre la afasia". Resaltaremos únicamente pues algunos datos que, aunque nos hablan más de su carácter que del psicoanálisis, también nos sirven para comprender el coraje que le ayudó a crearlo contra tantas resistencias como se le opusieron.

"Nací el año 1856 en Freiberg (Moravia), pequeña ciudad de la actual Checoslovaquia. Mis padres eran judíos, confesión a la que continúo perteneciendo."(283)

A pesar de no ser creyente y de los numerosos problemas que le ocasionó en aquella época tan marcada por los prejuicios contra su gente (recuérdese que hasta tuvo que exiliarse a Londres tras la llegada de los nazis a Viena para no ser asesinado), Freud jamás renegó de su ascendencia judía, e incluso disuadió a los padres del pequeño Hans tras su nacimiento para que no le bautizaran en la confesión católica, como en un principio habían planeado para intentar evitarle la marginación a la que siempre eran sometidos los judíos de Centro-Europa en las escuelas, en las universidades y en todos los ámbitos sociales.

Sobre su adolescencia, nos revela:

"En aquellos años juveniles no sentía predilección especial ninguna por la actividad médica, ni tampoco la he sentido después. Lo que me dominaba era una especie de curiosidad relativa más bien a las circunstancias humanas que a los objetos naturales, y que no había reconocido aún la observación como el medio principal de satisfacerse."(284)

Lo que nos explica el que más adelante defendiese enérgicamente que el psicoanálisis no es una especialidad médica, ni una variante de la psicología, ni deriva en forma alguna de cualquier otra profesión universitaria, sino que constituye por sí sola una disciplina ("una ciencia", insistió siempre él) tan independiente como todas las demás.

Tras acabar sus estudios de medicina y neurología y realizar varias publicaciones al respecto (trabajos que aún hoy en día siguen siendo apreciados por los neurólogos), a pesar de las dificultades que le ocasionaba su condición de judío para su promoción en la universidad, en 1885 le fue concedida la plaza de "docente de Neuropatología" y consiguió la beca para ampliar su formación en París con Charcot.

"De todo lo que vi al lado de Charcot, lo que más me impresionó fueron sus últimas investigaciones sobre la histeria, una parte de las cuales se desarrolló aún en mi presencia, o sea la demostración de la autenticidad y normalidad de los fenómenos histéricos ('Introite et hic dii sunt') y de la frecuente aparición de la histeria en sujetos masculinos, la creación de parálisis y contracturas histéricas por medio de la sugestión hipnótica y la conclusión de que estos productos artificiales muestran exactamente los mismos caracteres que los accidentales y espontáneos, provocados con frecuencia por un trauma."(285)

Antes de abandonar París, ya conversó con Charcot sobre su proyecto de realizar un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas(286), artículo que terminaría publicando en 1893 y que aún constituye para el psicoanálisis un texto de importancia, del que trataremos cuando veamos el concepto del "cuerpo" en Lacan. Después de mencionar que previamente pasó por Berlín para estudiar durante varias semanas las enfermedades nerviosas de la infancia, de su regreso a Viena nos relata:

"A mi regreso de París y Berlín me hallaba obligado a dar cuenta en la Sociedad de Médicos de lo que había visto y aprendido en la clínica de Charcot. Pero mis comunicaciones a esta Sociedad fueron muy mal acogidas. Personas de gran autoridad, como el doctor Bamberger, presidente de la misma, las declararon increíbles. Meynert me invitó a buscar en Viena casos análogos a los que describía y a presentarlos a la Sociedad. Mas los médicos en cuyas salas pude hallar tales casos me negaron la autorización de observarlos. Uno de ellos, un viejo cirujano, exclamó al oírme: 'Pero ¿cómo puedes sostener tales disparates?. Hysteron (sic) quiere decir útero. ¿Cómo, pues, puede un hombre ser histérico?'. En vano alegué que no pedía la aceptación de mis diagnósticos, sino tan sólo que se me dejara disponer de los enfermos que eligiera. Por fin encontré, fuera del hospital, un caso clásico de hemianestesia histérica en un sujeto masculino y pude presentarlo y demostrarlo ante la Sociedad de Médicos. Esta vez tuvieron que rendirse a la evidencia, pero se desinteresaron en seguida de la cuestión. La impresión de que las grandes autoridades médicas habían rechazado mis innovaciones, obtuvo la victoria, y me vi relegado a la oposición con mis opiniones sobre la histeria masculina y la producción de parálisis histéricas por medio de la sugestión. Cuando poco después se me cerraron las puertas del laboratorio de Anatomía cerebral y me vi falto de local en el que dar mis conferencias, me retiré en absoluto de la vida académica y de relación profesional. Desde entonces no he vuelto a poner los pies en la Sociedad de Médicos."(287)

Sus instrumentos terapéuticos para trabajar con los enfermos nerviosos se limitaban por aquel entonces a la hipnosis y la electroterapia, pero esta última la descartó en cuanto comprobó tanto su ineficacia como que el manual sobre ella del neuropatólogo alemán W. Erb no tenía "más relación con la realidad que un libro egipcio sobre los sueños". Por otra parte, para perfeccionar su técnica hipnótica, dado que las dos escuelas médicas que la investigaban en aquellos tiempos radicaban en París, en la Salpêtrière, donde ya estuvo antes con Charcot, y en Nancy, donde Bernheim defendía su propia teoría diferente a la del anterior, viajó en 1889 a Nancy acompañado de una de sus enfermas a la que no lograba curar:

"Bernheim intentó también hipnotizarla profundamente, pero tampoco lo consiguió, confesando luego sinceramente que sus grandes éxitos terapéuticos habían sido siempre con pacientes de su sala del hospital, nunca con enfermos de su consulta privada. Durante mi estancia en Nancy tuve con él varias interesantísimas conversaciones y acepté el encargo de traducir al alemán sus dos obras sobre la sugestión y sus efectos terapéuticos."(288)

El primer capítulo lo finaliza confesando a continuación que entre 1886 (año en el que se casó) y 1891 había tenido que abandonar casi por completo sus investigaciones "para asegurar la existencia material de mi familia, que iba creciendo rápidamente", pero ya en 1891 publica un trabajo sobre las parálisis cerebrales infantiles y el más arriba mencionado "Sobre las afasias" que dedicó a Breuer.

© ANTONIO SALVATIERRA

CITAS:

(283) Freud, S.: “Autobiografía”, pág. 2761. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(284) Ídem, pág. 2762.
(285) Ídem, pág. 2764.
(286) Véase Freud, S.: “Un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”, págs. 13 a 21. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(287) Freud, S.: “Autobiografía”, págs. 2765 y 2766. Ed. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Madrid, 1973.
(288) Ídem, pág. 2767.
 

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